Shaw, el «santo» local que espera

El pasado 26 de febrero, Enrique Shaw hubiera cumplido 97 años. Para muchos puede pasar desapercibido, pero Shaw puede convertirse en el primer «santo» de Berazategui, de prosperar un expediente que avanza en El Vaticano, relacionado a su trayectoria como empresario sensible hacia las necesidades de sus trabajadores cuando era director en Cristalerías Rigolleau. La causa de Shaw fue impulsada en su momento por el Cardenal argentino Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco.
Fue tal la impronta que dejó Shaw en Berazategui que el Club de Leones, el Rotary Club y el Centro Comercial Industrial local decidieron crear el «día de las instituciones» en su honor, el 27 de agosto, en conmemoración al fallecimiento del destacado empresario.
Shaw nació en Francia, fue hijo de Sara Tornquist y Alejandro Shaw. Fue bautizado en la Iglesia de la Madeleine. Tenía un hermano dos años mayor, llamado Alejandro. Su madre murió cuando él tenía 4 años. Su último deseo fue que Enrique reciba educación religiosa, tarea encomendada al Padre Goycochea.
Shaw renunció a las comodidades de una vida holgada y se enroló en la marina, llegando a ser uno de los mejores de su promoción. Se casó con Cecilia Bunge el 23 de octubre de 1943, luego llegarían nueve hijos.
Se retiró de la marina y decidió llevar el apostolado evangélico como industrial, siendo el fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas.
También se desempeñó en muchísimas entidades cristianas, como Caritas.
Se desempeñó como director de Cristalerías Rigolleau siendo muy apreciado por todos los obreros. Cuando se enfermó gravemente, necesitó transfusiones de sangre y casi todo el personal donó sangre para Enrique Shaw, ante el asombro de los médicos.
Falleció el 27 de agosto de 1962, el día del aniversario de la muerte de su madre. La causa de canonización de Shaw se presentó en Roma en febrero de 2014.

 

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