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Becarios de la UNQ aseguran que con Milei, «ser científico es una profesión de riesgo»

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“En este momento, ser científico es una profesión de riesgo. Si no nos daña la falta de cobertura médica o la precariedad sostenida de nuestras condiciones de trabajo, nos dañan las fuerzas de seguridad que están dispuestas a reprimir al sistema científico”, cuenta Agustín Ormazabal, doctor en Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes. 

Esta semana, trabajadores del Conicet protestaron contra el inminente despido de 379 becarios y exigieron la restitución inmediata de la cobertura de saludMientras tanto, en la Comisión Nacional de Energía Atómica, un centenar de personas fueron desvinculadas. En ambos casos, la policía y la gendarmería reprimieron.

En este contexto, la Agencia de Noticias Científicas dialogó con becarios que trabajan en la UNQ sobre cómo viven este momento y cómo se las arreglan para continuar las investigaciones.

Mercedes Pastorini, doctora en Ciencia y Tecnología de la UNQ y becaria posdoctoral, cuenta que cada laboratorio se las ingenia según el financiamiento que tenga, el cual depende de las líneas de investigación. “Nuestro equipo tuvo la suerte de recibir pequeños subsidios a lo largo de estos años y pudimos continuar las investigaciones. De todas maneras, todo se reutiliza. No se tira ningún plástico, buscamos protocolos para esterilizar cosas y poder volver a usarlas, y estiramos lo máximo posible cada una de las cuotas de los subsidios. Incluso, conozco muchos laboratorios donde los investigadores hacen un fondo común para poder pagar los reactivos”.

Pastorini, que investiga la relación entre el Virus del Papiloma Humano y el cáncer de cabeza y cuello, define estas estrategias como “una locura”. “La incertidumbre aparece también cuando nos presentamos a una convocatoria y esperamos a ver si obtenemos o no esa beca. En función de eso, tenemos que pensar qué alternativas laborales tenemos, sobre todo aquellos que queremos apostar por hacer ciencia en Argentina”. Según un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, los salarios de los investigadores y becarios del Conicet cayeron un 40 por ciento durante la presidencia de Javier Milei.

Manuel Crespo, integrante del Laboratorio de Cronobiología, relata: “Otra de las  cosas que sucede es la necesaria colaboración entre distintos laboratorios. Ojo, no es malo que los equipos de investigación trabajemos en conjunto, el problema es que ahora lo hacemos ‘a punta de pistola’. Es decir, en nuestro caso, por ejemplo, necesariamente tenemos que pedir a otro laboratorio si pueden hacernos un PCR porque sin ese insumo no podemos trabajar.”. Y agrega: “Lo que tendría que pasar, como ha sucedido en otros gobiernos o pasa en otros países, es que cada grupo de investigación tenga sus materiales y, en función de eso, elijamos cómo colaborar con otros”.

Por su parte, Selene Rojo, becaria doctoral en el Centro de Oncología Molecular y Traslacional de la UNQdetalla: “La situación es redundante para todos. En mi caso, muchos de los reactivos que necesito para completar ensayos para mi tesis no los podemos comprar. Entonces, hay ensayos que tengo que repetir para confirmar los resultados y no puedo hacerlo porque no tenemos los materiales”. Además de eso, agrega la investigadora que se especializa en inmunoterapias activas contra el cáncer, tampoco hay dinero para insumos básicos, como los guantes.

Ormazabal, que estudia cómo la interacción entre proteínas y ácidos nucleicos puede ayudar al diagnóstico de ciertas enfermedades, sintetiza el momento que vive la ciencia. “Cuando hablamos de desfinanciamiento no decimos únicamente que no se dan fondos para continuar investigaciones, sino que no se dan ni para sostener lo que ya teníamos. Por lo tanto, perdemos inversiones ya realizadas, hay equipos que se rompen y no pueden repararse, y líneas celulares que se pierden para siempre. Esto no es solamente un momento estático para el crecimiento, sino que es de decrecimiento”.

Cerebros en fuga

Una de las consecuencias de la caída de los salarios es el éxodo de los profesionales. Según el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovaciónel Sistema Nacional de Ciencia y Técnica Argentino perdió más de 6 mil empleos desde diciembre de 2023.

Ormazabal afirma: “Este es un momento en el que el quehacer científico no garantiza subsistencia, lo cual es absolutamente triste. Uno se ve en la obligación de elegir entre ejercer la profesión en otro lado o, quienes pueden, irse del país”. Por su parte, Crespo, que investiga la relación entre desajuste horario y depresión, manifiesta: “El sistema científico nacional es sumamente prestigioso y los argentinos no lo podemos ver. El Conicet era el organismo de ciencia más importante de Latinoamérica y Argentina es el país con más premios Nobel de la región. Todo eso ahora está profundamente destruido y muchos eligen irse”. 

Rojo explica a la Agencia: “La mitad de la beca se me va en alquiler, por ende, como todos, estoy con varios empleos para poder llegar a fin de mes. Una vez que termine el doctorado, me gustaría presentarme a una beca postdoctoral y continuar mi investigación, pero honestamente, con lo bajos que son los salarios, no sé si me conviene. Conozco gente que se fue a trabajar a industria, yo barajo la opción de la beca pero también la de irme afuera”.

Pastorini, por su parte, desmenuza: “Tengo muchos amigos que se fueron a trabajar al exterior con la intención de volver cuando el sistema científico se recupere un poco. El problema es que eso va a llevar muchos años porque se está destruyendo muchísimo. Queremos investigar acá pero cada vez es más difícil”.

Ningún horizonte a la vista

Por otra parte, Pastorini y Crespo coinciden en que cada vez hay menos jóvenes que quieren dedicarse a la investigación porque “saben donde se están metiendo y no quieren”. “Hay pocos seminarios de grado porque implica dinero y no hay. Además, esa formación del estudiante lleva tiempo y esfuerzo y todo se hace pensando en que quizás esa persona no pueda continuar porque tampoco hay tantas becas doctorales”, define Pastorini.

No solo se destruye lo que ya hay, sino que la decisión del gobierno de no apoyar la ciencia incentiva a que los científicos y científicas, formados en Argentina, pongan su conocimiento a disposición de otros países, y los posibles nuevos investigadores elijan dedicarse a otra cosa. “Queremos investigar acá porque el desarrollo científico y tecnológico nacional es clave para generar nuevas tecnologías que nos permitan resolver los problemas que tenemos en este país”, subrayan.

Luciana Mazzini Puga

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