El mapa del consumo cambió de manera drástica en los últimos años. El crecimiento del comercio electrónico, acelerado durante la pandemia, desplazó parte de la demanda hacia los canales digitales y dejó a muchas compañías rezagadas en su adaptación. A ese desafío se sumaron la inflación, el aumento de tarifas y la presión de costos, que golpearon de lleno a las estructuras tradicionales de negocios.
En este escenario, Liberated Brands, dueña de marcas icónicas como Quiksilver, Billabong, Roxy y Volcom, presentó su quiebra en 2025. La empresa cerró 124 locales y desvinculó a unos 1.400 trabajadores. Su CEO, Todd Hymel, atribuyó la caída a un cóctel de factores: problemas macroeconómicos, inflación, suba de tasas de interés, demoras en la cadena de suministros y un cambio profundo en los hábitos de consumo. La firma arrastraba una deuda de 83 millones de dólares garantizada y otros 143 millones no garantizados.
La noticia confirma que ni siquiera las marcas con mayor trayectoria están a salvo de un contexto de inestabilidad económica y transformaciones aceleradas en el consumo.
Por su parte, el grupo italiano Benetton ya había transitado un camino similar a fines de 2024, cuando inició un proceso de quiebra y reestructuración global. El plan contempla el cierre de 400 tiendas y la desarticulación de plantas en Serbia, Croacia y Túnez, con un fuerte impacto en Italia y España. Según su CEO, Claudio Sforza, la estrategia apunta a achicar pérdidas de 230 millones de euros en 2024 a 60 millones en 2025, con la expectativa de recuperar rentabilidad en 2026.
La compañía busca reforzar su canal online —que actualmente apenas representa el 13% de sus ventas— y reposicionar su modelo de negocios. En Latinoamérica, aunque la red de locales físicos se redujo, en Argentina aún continúan abiertas sus sucursales. Además, el grupo mantiene inversiones fuera del rubro textil, entre ellas más de 900.000 hectáreas en la Patagonia y proyectos en el sector energético y minero.
El desenlace de estas dos grandes firmas expone cómo el nuevo paradigma de consumo, atravesado por la digitalización y la incertidumbre económica, puede golpear incluso a los gigantes de la industria de la moda.
