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Quilmes: fue abanderada, pero no consigue trabajo y denuncia discriminación por vivir en un barrio popular

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Naiara Cabral tiene 22 años, terminó el secundario como abanderada y lleva más de cuatro años buscando empleo sin éxito. Vive en San Francisco Solano y asegura que, más allá de su formación y esfuerzo, muchas puertas se le cierran por prejuicios vinculados a su origen social.

“Si tengo que definirme en una palabra, diría desesperanzada”, cuenta. En cada búsqueda laboral, dice, se repite la misma respuesta: “No das con el perfil”. Para ella, esa frase esconde una discriminación que rara vez se explicita, pero que se percibe en cada entrevista frustrada.

Nacida en Villa Itatí y criada en contextos de alta vulnerabilidad, Naiara sostiene que las oportunidades no son iguales para todos. “Un chico de Palermo o del centro de Quilmes tiene más chances que alguien que vive en Solano”, afirma, marcando una brecha que va más allá de la educación formal.

Su historia refleja una problemática estructural. Según datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, los jóvenes de sectores vulnerables tienen hasta cinco veces menos probabilidades de acceder a un empleo formal, incluso con niveles educativos similares.

Mientras busca trabajo desde su celular —ya que nunca tuvo computadora—, Naiara alterna con empleos precarios. Trabajó en una herrería, donde no le pagaron la totalidad de los meses, y como moza en Palermo, en condiciones que terminó dejando por inseguridad y bajos ingresos.

Hoy tiene una changa semanal en un almacén de su barrio, que le permite cubrir gastos básicos. Sin embargo, sus aspiraciones son simples: arreglar el baño de su casa, cambiar un acolchado que usa desde la infancia o invitar a sus abuelos a comer afuera.

En medio de ese contexto, encontró un impulso en la Fundación Empujar, donde se capacitó durante cinco meses en Berazategui. Allí fortaleció habilidades laborales, mejoró su CV y recibió reconocimiento por su liderazgo. Aun así, el salto al empleo formal sigue sin concretarse.

“Sé que tengo potencial, pero dependo de que alguien me dé una oportunidad y eso no pasa”, resume. Su historia expone las barreras invisibles que enfrentan miles de jóvenes del conurbano, donde el lugar de origen muchas veces pesa más que el mérito.

Mientras tanto, Naiara sigue haciendo lo mismo cada día: salir con su currículum, convencida de que en algún momento su esfuerzo logrará imponerse sobre los prejuicios.

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