Luego de 17 días, Matías Fernández se pudo sumar a los entrenamientos. Si bien aún no pudo moverse a la par de sus compañeros, al menos sintió algunas particularidades que le dieron mucho placer.
«Estoy muy contento, feliz. La verdad es que siento una alegría inmensa. Ya haber olfateado el césped me dio felicidad, no sabés qué lindo», confesó el mediocampista del Cervecero.
Fernández, junto al arquero Esteban Glellel -que también formó parte del entrenamiento de este lunes- habían dado positivo de COVID en el primer test PCR que el viernes 28 de agosto se le realizó al plantel del Cervecero.
En su primer día de entrenamiento en campo, todavía no tomó contacto con la pelota y realizó una labor más liviana que el resto de los jugadores. «Solo corrí un poquito pero me sentí re bien. Tenía una ganas enormes de entrar al reducido que estaban haciendo mis compañeros».
Para el juvenil Cervecero el lunes 14 de septiembre será un día que recordará. «Fue un momento que esperé durante mucho tiempo. Varios meses pasaron y encima cuando todos volvieron a mí me dio positivo el test y tuve que esperar más, pero por suerte ya estoy ahí entrenando».
Ahora le queda poco para entrenarse a la par del resto. «Si Dios quiere esta semana, jueves o viernes voy a arrancar con el grupo. Estoy muy ansioso».
De todas maneras, para el objetivo personal aún tiene más tiempo por delante. «Tengo un mes y algo más para ponerme en forma. La voy a pelear como siempre para poder ganarme un lugar en el equipo».
La enfermedad
Matías Fernández comentó que cuando se enteró que había contraído coronavirus «fue un bajón. La verdad es que estuve bajoneado pero tenía a mi nene y a mi esposa, también a mis amigos, que me levantaban».
Sobre cómo la transitó explicó:»la pasé bastante mal los primeros dos días y después se me pasó. Un día antes de que nos den los resultados, el sábado a la noche (29 de agosto) tenía dolores de cabeza y de cuerpo; levanté un poco de fiebre. Además, perdí el olfato y el gusto. Los primeros dos días me mataron, pero después se me pasó y me hicieron efecto los remedios que me dieron para que tome».
El mediocampista aclaró que «no me costaba respirar ni tenía tos, solo me dolía mucho la cabeza y sentía ganas de dormir todo el tiempo».
En su núcleo familiar, hubo otro contagio. «Mi señora, como me pasó a mí, tuvo dolor de cabeza y de cuerpo en general, perdió el olfato y hasta el día de hoy no lo tiene. Pero nunca levantó fiebre. Por suerte, mi hijo no tuvo nada», concluyó.
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