La recesión, el freno de la obra pública y la pérdida del poder adquisitivo golpean a los comercios de materiales. En algunos casos, las ventas cayeron hasta un 40% y los negocios debieron reducir personal para sostenerse.
La crisis de la construcción en Argentina impacta de lleno en los corralones de barrio, que atraviesan un escenario marcado por la caída de las ventas, el aumento de los costos y las dificultades para mantener la actividad. La menor capacidad de compra de las familias y la paralización de obras públicas y privadas profundizan la preocupación en un sector clave para la economía.
Los comerciantes advierten que, aunque todavía existe movimiento y llegan consultas, cada vez resulta más difícil concretar operaciones. Los clientes comparan precios, piden presupuestos y compran únicamente los materiales indispensables para avanzar con pequeñas reparaciones.
Hugo Romero, responsable de un corralón del barrio porteño de Balvanera, aseguró que sus ventas disminuyeron entre un 30% y un 40%. Según explicó, la cantidad de presupuestos que realizan diariamente no se traduce necesariamente en operaciones concretadas.
La caída de la actividad también obligó a reducir la cantidad de trabajadores. Romero contó que pasó de tener ocho compañeros a seis y describió las dificultades para sostener la rentabilidad: el negocio mantiene cierto movimiento, pero los ingresos ya no alcanzan para cubrir los gastos con la misma facilidad.
En el partido bonaerense de Moreno, Mauricio, quien trabaja en la venta de materiales para la construcción, describió un panorama similar. La falta de recursos para renovar vehículos y equipamiento, sumada al temor de asumir nuevas deudas, limita las posibilidades de inversión.
El comerciante también señaló que la caída de las ventas obligó a recortar gastos y analizar cada decisión antes de comprometer dinero.
La construcción cayó 4,4% interanual
Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reflejan las dificultades del sector. Según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), la actividad registró en agosto de 2026 una caída interanual del 4,4%.
El retroceso alcanzó a distintos materiales e insumos utilizados en las obras. Entre las principales bajas interanuales informadas se encuentran:
- Asfalto: -18,4%.
- Yeso: -17%.
- Cales: -13%.
- Pisos y revestimientos cerámicos: -11,9%.
- Ladrillos huecos: -9,7%.
- Hierro redondo y aceros para la construcción: -8,1%.
- Cemento portland: -8,1%.
La contracción de la demanda se siente especialmente en los comercios que dependen de las compras de particulares. Las familias que antes adquirían materiales de manera gradual para ampliar o refaccionar sus viviendas ahora priorizan otros gastos y postergan los proyectos que no consideran urgentes.
El freno de la obra pública agrava la crisis
A la retracción del consumo se suma la menor actividad vinculada con la obra pública, que históricamente moviliza grandes volúmenes de materiales y sostiene parte de la cadena de proveedores.
La reducción de proyectos de infraestructura y de las inversiones repercute en distribuidores, corralones y pequeñas empresas vinculadas con la construcción. En ese contexto, los comercios tienen menos posibilidades de compensar la caída de las ventas minoristas con operaciones de mayor volumen.
Los costos también representan un problema. Aunque la actividad se encuentra en retroceso, construir continúa demandando recursos cada vez más difíciles de afrontar para muchos hogares. Los gastos de mano de obra, logística y reposición de materiales presionan sobre los negocios, sin que necesariamente puedan trasladarse por completo a los precios.
Menos inversión y preocupación por el empleo
La situación mantiene en alerta a las pequeñas y medianas empresas proveedoras de materiales. Entre las dificultades que enfrenta el sector aparecen las reducciones de personal, las suspensiones, los recortes de jornadas y el riesgo de cierre de comercios que no logran sostener sus costos.
Frente a este escenario, los comerciantes reclaman mejores condiciones de financiamiento y señales que permitan recuperar la inversión en obras privadas y públicas.
Mientras tanto, los corralones intentan mantenerse en actividad con menos recursos y una demanda debilitada. La evolución de los próximos meses será determinante para un sector que depende tanto del poder adquisitivo de las familias como de la reactivación de la construcción.
