Damián Barreiro e Ignacio O’Donnell declararon ante el Tribunal Oral en lo Criminal N° 7 de San Isidro, convocados por la defensa del psicólogo Carlos Díaz. Explicaron las distintas modalidades de tratamiento para pacientes con consumos problemáticos y consideraron adecuada la atención ambulatoria que recibió Diego Maradona en sus últimos días.
El segundo juicio por la muerte de Diego Armando Maradona ingresó en una etapa decisiva con las primeras declaraciones de los testigos convocados por las defensas. En ese marco, dos especialistas en adicciones respaldaron ante el tribunal el tratamiento ambulatorio que recibió el exfutbolista y aportaron argumentos favorables a la estrategia de defensa del psicólogo Carlos Díaz, uno de los acusados en el proceso.
Los testigos fueron Damián Barreiro, licenciado y especialista en adicciones, e Ignacio O’Donnell, sociólogo vinculado al tratamiento de personas con consumos problemáticos y director de centros de rehabilitación.
Ambos fueron propuestos por los abogados Diego Olmedo y Hernán Guaita, representantes de Díaz, y expusieron ante los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón, integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal N° 7 de San Isidro.
El eje de la defensa: cuándo corresponde internar
Los testimonios estuvieron centrados principalmente en las distintas alternativas existentes para abordar a una persona con problemas de consumo de sustancias.
Los especialistas explicaron las diferencias entre una internación ambulatoria, un tratamiento ambulatorio, una internación voluntaria y una internación compulsiva, además de las características de los centros de tratamiento abiertos y de las instituciones psiquiátricas.
La exposición tuvo especial importancia para la defensa de Díaz porque busca instalar ante el tribunal una discusión sobre qué modalidad de atención correspondía aplicar a Maradona durante las semanas previas a su muerte.
Los profesionales sostuvieron que la alternativa domiciliaria podía ser utilizada para abordar el problema de adicciones del exfutbolista y defendieron el tratamiento que se desarrolló en el country San Andrés, en Tigre.
El tratamiento que recibió Maradona en Tigre
Carlos Díaz había comenzado a atender a Maradona a fines de octubre de 2020 y permaneció vinculado a su tratamiento hasta el 25 de noviembre, día en que el exfutbolista murió a los 60 años.
Su intervención estuvo relacionada principalmente con el abordaje psicológico y de las adicciones, en particular con el consumo de alcohol.
Durante su propia declaración en el juicio, Díaz había explicado que con Maradona funcionaba un denominado “tratamiento abstencionista”, basado en la necesidad de evitar completamente el consumo de alcohol.
El psicólogo también había señalado que conoció al futbolista el 26 de octubre de 2020, apenas 29 días antes de su muerte, y que había sido convocado a través de Matías Morla.
En aquel momento, Maradona atravesaba un cuadro complejo que incluía problemas de consumo y otras dificultades vinculadas con su salud mental.
La defensa busca despejar dudas sobre la internación
La estrategia de Carlos Díaz apunta a diferenciar su intervención de las decisiones médicas que pudieron haber correspondido a otros integrantes del equipo que atendía a Maradona.
La defensa busca demostrar que las decisiones vinculadas con la modalidad de tratamiento no implicaban necesariamente que el paciente debiera ser internado de manera permanente o compulsiva.
Los testimonios de Barreiro y O’Donnell fueron utilizados precisamente para explicar ante los jueces qué condiciones deben evaluarse antes de decidir una internación y cuáles son las alternativas posibles para un paciente con una adicción.
El planteo adquiere relevancia porque uno de los puntos centrales del debate por la muerte de Maradona está relacionado con la atención que recibió durante sus últimos días en la residencia de Tigre.
Un juicio que entra en su tramo final
Las declaraciones se produjeron cuando el segundo debate oral por la muerte del astro argentino comienza a transitar su etapa final.
La producción de prueba de las defensas continuará durante septiembre y posteriormente comenzarán los alegatos de las partes. El tribunal deberá luego escuchar las últimas palabras de los acusados antes de avanzar hacia el veredicto.
En el banquillo, además de Carlos Díaz, se encuentran Leopoldo Luque, Agustina Cosachov, Ricardo Almirón, Mariano Perroni, Pedro Di Spagna y Nancy Forlini, todos acusados en este segundo proceso por el supuesto homicidio simple con dolo eventual de Maradona.
La enfermera Dahiana Gisela Madrid afrontará un proceso separado mediante un juicio por jurados, que permanece demorado por un planteo de recusación contra la jueza que debe intervenir.
La discusión sobre las decisiones tomadas antes de la muerte
La cuestión de las adicciones constituye uno de los capítulos centrales del expediente.
Durante el proceso ya se escucharon diferentes posiciones sobre el estado de salud de Maradona, sus consumos y las decisiones tomadas por quienes formaban parte de su equipo de atención.
En agosto, por ejemplo, el toxicólogo Carlos Damín, integrante de la junta médica que evaluó el caso, había sostenido que el exfutbolista “tendría que haber sido internado contra su voluntad”, una posición que contrasta con el planteo sostenido por los especialistas convocados ahora por la defensa de Díaz.
La diferencia entre ambas miradas expone uno de los puntos que el tribunal deberá analizar: si el tratamiento ambulatorio elegido era adecuado para el estado que presentaba Maradona o si, por el contrario, las circunstancias exigían una intervención más intensiva y una internación.
La palabra de los especialistas, en el centro del debate
Los testimonios de Barreiro y O’Donnell no determinan por sí mismos la responsabilidad penal de ninguno de los acusados, pero forman parte de la prueba que el tribunal deberá valorar junto con las declaraciones de otros profesionales, los informes médicos, las comunicaciones entre los integrantes del equipo y el resto de la evidencia incorporada durante el debate.
Para la defensa de Carlos Díaz, la exposición permite reforzar la idea de que el tratamiento contra las adicciones de Maradona podía desarrollarse de manera ambulatoria y que esa modalidad no implicaba, por sí misma, una actuación negligente.
La fiscalía y las querellas sostienen sus propias interpretaciones sobre lo ocurrido durante los últimos días de vida del exfutbolista.
Mientras el proceso avanza hacia los alegatos, el tribunal deberá determinar finalmente qué responsabilidad tuvo cada uno de los profesionales acusados y si las decisiones tomadas durante la atención de Maradona tuvieron relación causal con su muerte.
El segundo juicio entra así en una fase clave, con una discusión que vuelve a concentrarse en una pregunta central: qué tratamiento necesitaba Diego Maradona en los días previos a su muerte y quiénes tenían la responsabilidad de garantizar que recibiera la atención adecuada.
