La central obrera busca fijar una posición unificada frente al proyecto del Gobierno, mientras conviven la presión del ala dura y una estrategia inicial centrada en el terreno institucional.
La CGT reunirá este jueves a su Consejo Directivo para acordar un rechazo abierto al proyecto de reforma laboral que el Gobierno enviará para ser tratado en sesiones extraordinarias. Aunque la postura será firme, por ahora no habrá medidas de fuerza ni un plan de lucha definido para el corto plazo.
La conducción cegetista apuesta inicialmente a acciones “institucionales”, como el acercamiento al Congreso, donde los triunviros de la central mantuvieron reuniones con legisladores para expresar su rechazo. Sin embargo, dentro de la CGT no descartan que la línea más dura termine empujando un cambio de estrategia. “Habrá rosca de palacio, pero también calle”, anticiparon desde la central, reconociendo que la discusión interna está lejos de haber terminado.
Los triunviros Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Arguello convocaron al Consejo Directivo en la sede histórica de Azopardo, donde se espera que la mayoría de los gremios adopten una posición común en contra de la iniciativa oficial.
En la previa al encuentro, la nueva conducción cegetista junto al titular de la UOCRA, Gerardo Martínez mantuvo una reunión con un grupo de senadores peronistas, quienes se comprometieron a frenar cualquier intento de avanzar con la reforma laboral. Legisladores, gobernadores del PJ y las centrales sindicales acordaron trabajar de manera coordinada para bloquear el proyecto.
Tras esa reunión, Jerónimo fue categórico: “No hay negociación con el Gobierno. El borrador difundido hasta ahora es unilateral y por imposiciones”. Para la CGT, la modernización laboral debe discutirse dentro del marco de las convenciones colectivas de trabajo, y no por decreto ni imposición legislativa.
En paralelo, el Gobierno decidió rebajar el nivel de conflicto y evitar incluir en el texto definitivo uno de los puntos que más tensión había generado con la central: las restricciones a las cuotas solidarias, incluidas originalmente por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. Ese artículo, que afectaba el financiamiento sindical, será retirado por ahora.
Desde la Casa Rosada explicaron que el objetivo central de la reforma es “generar empleo” y que cualquier punto que no contribuya a ese objetivo podrá discutirse más adelante, en una nueva instancia.
La central obrera aguardará el proyecto final mientras mantiene el “silencio de radio” puertas adentro. El rechazo ya está decidido, pero el nivel de respuesta nstitucional o con protestas en la calle dependerá de cómo avance el Gobierno y de la presión interna dentro de la propia CGT.