El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires confirmó que el emblemático local de Corrientes y Callao será expropiado y demolido para avanzar con la construcción de la nueva línea de subte. La familia propietaria propone modificar 20 metros la ubicación del acceso a la estación para preservar el espacio cultural, que tiene 55 años de historia y alberga el reconocido mural de Charly García.
La tradicional disquería Zivals, uno de los espacios emblemáticos de la avenida Corrientes, tiene fecha de demolición: enero de 2027. Así lo confirmó el ministro de Movilidad e Infraestructura porteño, Pablo Bereciartua, al referirse al avance del proyecto de la Línea F de subterráneos, que contempla la expropiación del inmueble ubicado en la esquina de Corrientes y Callao.
La noticia reavivó la preocupación por la desaparición de un comercio que forma parte de la identidad cultural de Buenos Aires. Desde su apertura, en 1971, Zivals se convirtió en un punto de encuentro para generaciones de melómanos, lectores, artistas y turistas, además de conservar un catálogo de discos y libros que atraviesa distintas épocas de la música y la literatura.
La familia propietaria sostiene que la obra puede realizarse sin destruir el local y reclama que las autoridades evalúen alternativas técnicas para modificar la ubicación del acceso proyectado a la estación.
La propuesta para salvar el histórico local
Los responsables de Zivals aseguran que existe una solución que permitiría mantener el proyecto de la Línea F sin necesidad de demoler el edificio. La propuesta consiste en desplazar unos 20 metros el acceso previsto a la estación, una modificación que, según sostienen, evitaría la expropiación y preservaría un espacio cultural con más de medio siglo de trayectoria.
La familia aclaró que no se opone a la construcción del subte, sino a que la obra implique la desaparición de un lugar que consideran parte del patrimonio cultural de la ciudad.
En ese sentido, cuestionó que se haya elegido una ubicación que afecta directamente al comercio cuando, según su planteo, existen otras alternativas que podrían resultar más económicas y funcionales.
Los propietarios también convocaron a los vecinos y a quienes valoran la historia del lugar a respaldar un petitorio para solicitar que se revise la decisión. El reclamo busca que la discusión no se limite a la continuidad de una actividad comercial, sino que contemple el valor simbólico y cultural que Zivals adquirió a lo largo de 55 años.
Qué respondió el Gobierno porteño
Bereciartua confirmó que hubo varias reuniones con los responsables de la disquería y aseguró que las conversaciones continúan para encontrar una salida que contemple tanto las necesidades de la obra como las del establecimiento.
El funcionario señaló que desde el Ejecutivo porteño se ofreció la posibilidad de que el comercio continúe funcionando en un local ubicado en dos pisos superiores, una alternativa que no conforma la propuesta de preservación planteada por la familia.
La administración porteña sostiene que la ubicación de la futura estación responde a criterios técnicos vinculados con el funcionamiento de la nueva línea y que los terrenos afectados son necesarios para construir accesos, instalaciones y otras estructuras.
De todos modos, la expropiación debe atravesar el procedimiento correspondiente en la Legislatura de la Ciudad, donde se definirá el avance formal de la medida.
El mural de Charly García, otro símbolo en riesgo
La eventual demolición también pondría en peligro el mural dedicado a Charly García que se encuentra en el frente del edificio. La obra, realizada por el artista Martín Ron, se convirtió en un atractivo para vecinos y visitantes que se acercan a fotografiarla y compartir imágenes en las redes sociales.
El mural fue concebido como un homenaje al músico y terminó incorporándose al paisaje urbano de una de las esquinas más reconocidas de Buenos Aires. Su presencia reforzó la relación entre la disquería, la música argentina y la identidad cultural de la avenida Corrientes.
La posibilidad de que desaparezca generó preocupación entre quienes consideran que la obra trascendió su función artística original y pasó a formar parte de un espacio que la comunidad reconoce como propio.
La discusión, por lo tanto, no involucra únicamente la continuidad de un comercio, sino también la conservación de una intervención artística que se integró a la vida cotidiana de la ciudad.
Una disquería que atravesó cinco décadas de cambios
Zivals abrió sus puertas en marzo de 1971 y logró mantenerse activa durante más de cinco décadas, en un período marcado por profundas transformaciones en la industria musical.
El negocio atravesó crisis económicas, cambios tecnológicos, la expansión de los formatos digitales y la llegada de las plataformas de reproducción en línea. También conservó su lugar entre los comercios especializados que ofrecen discos, vinilos, libros y material para coleccionistas.
Por sus estanterías pasaron distintas generaciones de compradores y artistas. La familia recuerda especialmente su vínculo con los primeros discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, cuando integrantes del entorno de la banda acercaban sus trabajos antes de su publicación oficial.
Ese recorrido convirtió a Zivals en algo más que un punto de venta: un espacio donde la música funcionó como elemento de encuentro y transmisión cultural entre generaciones.
Doce inmuebles afectados por la Línea F
La disquería no es la única propiedad alcanzada por el proyecto de la nueva línea de subterráneos. Según el plan informado por el Gobierno porteño, son doce los inmuebles afectados por las expropiaciones previstas para ejecutar las obras.
Entre las direcciones incluidas figuran propiedades de las calles Cochabamba y avenida Entre Ríos, además de otros puntos sobre Callao y la avenida General Las Heras.
Desde la Ciudad argumentan que la disponibilidad de esos terrenos resulta necesaria para construir estaciones, accesos y demás infraestructura. El proyecto busca ampliar la red de transporte subterráneo y sumar una nueva conexión para mejorar la movilidad urbana.
Sin embargo, el caso de Zivals abrió una discusión sobre cómo compatibilizar el desarrollo de infraestructura pública con la preservación de espacios históricos y culturales.
Con la demolición prevista para enero de 2027, la familia propietaria busca que las autoridades reconsideren la ubicación del acceso y estudien las alternativas presentadas. El desenlace dependerá de las decisiones que se adopten en torno a la expropiación y de si finalmente se acepta una modificación que permita conservar una de las esquinas más reconocibles de la cultura musical porteña.
