Ciro Martínez está terminando el secundario y puso en marcha En Latta, un emprendimiento de yogures, postres y snacks que nació con sus ahorros y el apoyo de su familia. En menos de un mes, la marca logró miles de seguidores y pedidos desde distintos puntos del país, mientras él mantiene su identidad fuera de cámara.
Tiene 18 años, vive en Quilmes y todavía está terminando el secundario, pero ya puso en marcha su propio emprendimiento. Ciro Martínez creó En Latta, una marca dedicada a la elaboración de yogures, postres y otros productos envasados que, según sus impulsores, alcanzó una facturación cercana a los $100.000 diarios en sus primeras semanas.
Hay una particularidad que convirtió al joven emprendedor en parte del fenómeno de la marca: nadie conoce su cara. Ciro participa del contenido de En Latta, pero decidió no mostrar su rostro. La decisión comenzó como una cuestión personal y terminó transformándose también en una estrategia que despertó curiosidad entre los seguidores.
El proyecto nació con dinero que Ciro había ahorrado realizando distintos trabajos para familiares y conocidos y con el acompañamiento de su mamá, Carla Villalba. También participa Florencia Arellano, encargada del cuidado de sus hermanos menores, quien se sumó a las tareas vinculadas con la producción.
De una máquina guardada a los yogures
La idea de emprender no apareció de un día para el otro. Antes de En Latta, Ciro había evaluado diferentes alternativas. Incluso realizó un curso para aprender a preparar sushi y también pensó en comenzar un negocio relacionado con bebidas.
En ese proceso compró una máquina selladora para envasar productos, pero el proyecto original no prosperó y el equipo quedó guardado durante varios meses.
La máquina terminó siendo el punto de partida de En Latta. Ciro adquirió además una yogurtera doméstica y un equipo para imprimir las fechas de elaboración y vencimiento.
Las primeras pruebas tampoco tuvieron como protagonista al yogur. El emprendimiento comenzó experimentando con barritas y galletitas de avena, pero los productos presentaban dificultades relacionadas con la conservación y el costo del packaging.
Fue entonces cuando Ciro comenzó a probar distintas recetas de yogur hasta encontrar el producto que finalmente se convirtió en el principal motor de la marca.
Un yogur que llegó más lejos de lo esperado
Los yogures de En Latta se presentan en envases de 220 gramos y se comercializan acompañados con granola. Entre los sabores disponibles aparecen frutos rojos y maracuyá.
El precio minorista ronda los $6.500, mientras que para compras mayoristas de al menos diez unidades el valor es de aproximadamente $4.500.
La producción demanda cerca de 12 horas y, con el equipamiento actual, pueden elaborar alrededor de 30 unidades por día. A medida que comenzaron a llegar nuevos pedidos, la capacidad instalada quedó cada vez más exigida.
También incorporaron postres congelados, entre ellos Torta Oreo, Chocotorta y Velvet, además de una preparación a base de duraznos.
En una de las jornadas llegaron a entregar unos 60 productos y, según explican desde el emprendimiento, los ingresos alcanzan actualmente un promedio cercano a los $100.000 por día. Por el momento, la prioridad no está puesta en retirar ganancias, sino en reinvertir el dinero para ampliar el negocio.
El fenómeno de las redes sociales
El crecimiento de En Latta tuvo un impulso decisivo a través de las redes sociales. Carla comenzó a mostrar mediante videos parte del proceso de elaboración y la respuesta de los usuarios fue inmediata.
Cuando comenzaron a publicar, la cuenta de Instagram tenía apenas unas pocas decenas de seguidores. Menos de un mes después, En Latta ya había alcanzado más de 23.000 seguidores en Instagram, mientras que en TikTok también sumó miles de seguidores y decenas de miles de “Me gusta”.
La decisión de Ciro de no mostrar su rostro terminó convirtiéndose en parte de la identidad de la marca. Los seguidores conocen su voz, su trabajo y el proceso detrás de los productos, pero no su apariencia.
La propia familia comenzó a utilizar el hashtag #ApoyemosAlPendejo, un apodo con el que Carla se refiere cariñosamente a su hijo y que terminó convirtiéndose en una de las consignas de la comunidad que se formó alrededor del emprendimiento.
De Quilmes a otras ciudades
El objetivo inicial era vender principalmente en Quilmes, especialmente en gimnasios, dietéticas, bares y comercios de la zona.
Sin embargo, los pedidos comenzaron a llegar desde otros puntos del conurbano, Puerto Madero y también desde otras provincias.
Incluso una mujer de Rosario se contactó con la marca con la intención de convertirse en la primera revendedora de En Latta en Santa Fe.
Ese crecimiento llevó a la familia a analizar nuevas alternativas para aumentar la producción. Entre los próximos pasos aparece la posibilidad de trasladar la elaboración a un galpón familiar e incorporar equipamiento de mayor capacidad.
Un emprendimiento que recién comienza
En Latta ya está inscripto como monotributo y Ciro y Florencia cuentan con el carnet de manipulación de alimentos correspondiente.
Además, la marca avanza con el registro formal y ya puso en funcionamiento una tienda online.
El proyecto también apunta a ampliar su catálogo. Entre las próximas opciones aparecen jugos detox, bebidas proteicas y una línea de café frío para el verano. Incluso evalúan incorporar una bebida alcohólica lista para consumir, aunque todavía no hay una fecha definida para su lanzamiento.
Mientras tanto, Ciro continúa dividiendo sus días entre el último año del secundario y el emprendimiento. Termina las clases cerca de las 14 y después se instala en la cocina familiar para continuar con la producción.
Su objetivo inicial era sencillo: generar su propio dinero sin depender de sus padres. En pocas semanas, esa idea se transformó en una marca que crece en las redes, recibe pedidos de distintos puntos del país y mantiene una incógnita que, lejos de ser un problema, terminó convirtiéndose en parte de su identidad: todos conocen En Latta, pero todavía nadie conoce la cara de Ciro.
