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Trabajar más y cobrar menos: se profundiza la brecha de ingresos entre los trabajadores argentinos

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Casi 6 millones de personas trabajan sin acceso a las protecciones de la Seguridad Social. La diferencia de ingresos frente a quienes cuentan con esos derechos alcanza el 61% entre cuentapropistas y supera el 48% en el sector privado. Además, el pluriempleo llegó al 11,5% de los ocupados en 2025, uno de los registros más altos de la serie.

El mercado laboral argentino enfrenta un escenario de creciente desigualdad, en el que trabajar más horas no garantiza mejores ingresos ni condiciones laborales adecuadas. Un informe elaborado a partir de datos oficiales y procesado por el centro de estudios CITRA (CONICET-UMET) reveló que alrededor de 6 millones de trabajadores no cuentan con protección social, mientras se amplía la diferencia salarial entre quienes tienen derechos laborales y quienes permanecen desprotegidos.

La brecha de ingresos se profundizó durante 2026 y alcanzó niveles significativos en las distintas modalidades de ocupación. Entre los trabajadores por cuenta propia, la diferencia llegó al 61%; entre los asalariados públicos, al 50,7%; y entre los empleados privados, al 48,7%.

Los datos exponen una de las principales dificultades de la economía: la expansión de formas de trabajo que no siempre se traducen en mejores remuneraciones ni en mayor seguridad económica. A esto se suma el crecimiento del pluriempleo, una estrategia cada vez más extendida entre quienes necesitan combinar varias ocupaciones para sostener los ingresos de sus hogares.

Casi la mitad trabaja sin protección social

Según las cifras analizadas, el 45,6% de los trabajadores argentinos no cuenta con las protecciones asociadas a la Seguridad Social. Sobre un universo aproximado de 12,8 millones de personas ocupadas, alrededor de 6 millones se encuentran en esa situación.

La incidencia varía según la categoría laboral. Entre los asalariados públicos, la desprotección alcanza al 11,1%, mientras que entre los trabajadores del sector privado llega al 46,2%. En el caso de los cuentapropistas, el porcentaje asciende al 66,6%.

En términos absolutos, los asalariados privados concentran la mayor cantidad de personas sin protección, con aproximadamente 3,6 millones de trabajadores. La situación refleja la persistencia de relaciones laborales informales y de empleos que no garantizan plenamente derechos como los aportes jubilatorios y otras coberturas vinculadas con la seguridad social.

El problema no se limita a la ausencia de esos beneficios. La falta de protección también suele estar asociada con una mayor inestabilidad de los ingresos y con dificultades para acceder a mecanismos de previsión económica frente a situaciones de enfermedad, desempleo o retiro laboral.

La brecha salarial se amplía

El informe de CITRA identificó diferencias sustanciales entre los ingresos de quienes cuentan con protección laboral y quienes no la tienen. La distancia alcanza el 61% entre cuentapropistas, el 50,7% entre asalariados públicos y el 48,7% entre empleados privados.

Las investigadoras Sonia Balza y María Inés Fernández Álvarez señalaron que, en las relaciones asalariadas, esas diferencias están vinculadas principalmente con el grado de regulación de las condiciones laborales. Entre los trabajadores independientes, en cambio, intervienen la heterogeneidad de las actividades y las distintas posibilidades de generar ingresos suficientes y sostener mecanismos de protección previsional.

La desigualdad adquiere mayor relevancia cuando se observa el tiempo dedicado al trabajo. Los datos muestran que las diferencias de ingresos no se explican únicamente por una menor cantidad de horas trabajadas, sino también por las condiciones en que se desarrolla la actividad y la remuneración que se obtiene por cada hora.

Más horas de trabajo, pero menores ingresos

Entre los asalariados privados, quienes cuentan con protección laboral trabajan un promedio de 42,5 horas semanales, frente a las 39,3 horas de quienes están desprotegidos. La diferencia en la jornada es del 7,5%, muy inferior a la brecha de ingresos registrada entre ambos grupos.

Entre los cuentapropistas, la distancia es todavía menor: los trabajadores protegidos cumplen unas 44,6 horas semanales, mientras que quienes no cuentan con esa cobertura trabajan 42,9 horas. La diferencia representa apenas el 3,8%.

La comparación evidencia que jornadas relativamente similares pueden coexistir con ingresos considerablemente diferentes. En consecuencia, el problema no pasa solamente por la cantidad de horas dedicadas a una ocupación, sino por la capacidad de ese trabajo para garantizar una remuneración adecuada y condiciones laborales estables.

En ese contexto, la precarización representa un desafío para el conjunto del mercado laboral, especialmente para quienes dependen exclusivamente de sus ingresos para afrontar gastos de vivienda, alimentación, transporte y servicios.

El pluriempleo alcanza uno de sus máximos registros

La necesidad de complementar ingresos también se refleja en el crecimiento del pluriempleo, que comprende a las personas que desarrollan dos o más ocupaciones de manera simultánea.

En 2017, el fenómeno representaba el 8,7% del total de ocupados. Para 2025, la proporción había ascendido al 11,5%, el máximo registro de la serie junto con el año anterior. El incremento fue de 2,8 puntos porcentuales en ocho años.

Según un informe de la consultora C-P, el 81% de las personas con más de un empleo tiene dos ocupaciones. Además, el 63% son jefes de hogar y el 56% son mujeres. Más de la mitad de quienes trabajan en múltiples actividades se concentra en el Gran Buenos Aires.

El fenómeno presenta características diferentes según el sector. Una parte responde a una modalidad histórica de organización laboral, especialmente en educación, salud y servicio doméstico. Otra se vincula con la necesidad de compensar la pérdida de poder adquisitivo y sostener los gastos familiares mediante la incorporación de nuevas actividades.

Entre quienes tienen varios empleos, el promedio de trabajo alcanza las 43 horas semanales, frente a las 37,5 horas de quienes cuentan con una sola ocupación. En el grupo identificado como pluriempleo emergente, el 56% trabaja más de 45 horas por semana y el 22% supera las 60 horas.

Ingresos y condiciones laborales, bajo presión

La combinación de bajos ingresos, informalidad y jornadas extensas plantea interrogantes sobre la capacidad del mercado laboral para garantizar una mejora sostenida de las condiciones de vida. El aumento de las personas que necesitan más de un empleo muestra que, para una parte de los hogares, una sola ocupación resulta insuficiente para cubrir sus necesidades.

La situación también expone las diferencias entre el crecimiento de determinadas actividades económicas y la evolución de los ingresos de quienes trabajan en ellas. La cantidad de horas dedicadas a una ocupación no siempre se traduce en una remuneración proporcional ni en el acceso a derechos laborales básicos.

Los datos relevados por CITRA muestran que la desigualdad no se limita a la distancia entre trabajadores de mayores y menores ingresos. También atraviesa a personas que realizan jornadas similares, pero que reciben remuneraciones distintas según su modalidad de contratación y el nivel de protección de su empleo.

En este escenario, la evolución de los salarios, la formalización laboral y la calidad de los puestos de trabajo serán factores centrales para determinar si el mercado laboral consigue revertir una tendencia en la que cada vez más personas necesitan trabajar durante más tiempo sin lograr una mejora equivalente en sus ingresos.

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