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Crisis en Quilmes: se fue Grelak y la dirigencia vuelve a quedar en la mira

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Alfredo Grelak dejó de ser el director técnico de Quilmes Atlético Club luego de la derrota ante Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Así terminó su segundo ciclo al frente del “Cervecero”, una etapa que había comenzado de la mano de la actual comisión directiva y que hoy concluye de manera prematura.

La decisión de interrumpir el vínculo fue tomada por el presidente del club, Carlos Giulanetti. Tras comunicarle la determinación, Grelak se despidió del plantel en un momento cargado de emoción. Entre lágrimas, el entrenador expresó: “Quilmes siempre va a ser mi casa”, antes de retirarse del predio. La práctica quedó momentáneamente a cargo de Fernando Pagés.

El principal apuntado para reemplazarlo es Leandro Gracián, quien fue contactado por el mánager Miguel Caneo y contaría con la recomendación de Claudio Tapia.

Una decisión que expone a la dirigencia

Más allá del resultado deportivo, el cambio de entrenador en menos de tres fechas deja expuesta a la conducción del club. Grelak no era un técnico heredado: fue una elección directa de esta comisión directiva desde el inicio de su gestión. Confiaron en él para conducir el proyecto deportivo y respaldaron su continuidad al asumir las riendas institucionales.

Sin embargo, la rápida salida refleja improvisación y falta de planificación. Si el ciclo recién comenzaba y el entrenador había sido ratificado como pieza clave del proyecto, ¿qué cambió en tan poco tiempo? ¿Hubo una evaluación real del armado del plantel y del contexto deportivo antes de tomar decisiones?

El rol del mánager también queda bajo análisis

Miguel Caneo, encargado del área futbolística, participó en la contratación de Grelak y ahora encabeza la búsqueda de su reemplazante. En términos de gestión, la situación abre interrogantes sobre los criterios y la coherencia en la conducción deportiva.

La inestabilidad temprana no solo afecta al cuerpo técnico, sino también al plantel y al clima general del club. Quilmes necesita un rumbo claro y decisiones firmes, pero sobre todo sostenidas en el tiempo. Cambiar de entrenador a las pocas fechas puede ser un síntoma más profundo: la falta de un proyecto sólido.

Mientras se define la llegada de Gracián u otro sucesor, lo concreto es que el “Cervecero” vuelve a empezar. Y cuando los ciclos se interrumpen tan pronto, la responsabilidad ya no recae únicamente en el banco de suplentes, sino en los escritorios.

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