La emergencia aún no terminó. La lenta y relativa mejoría operada en torno a la pandemia en los países de las grandes ligas europeas insinúa condiciones más favorables para unas cuantas actividades, pero no todavía para el fútbol, cuya complejidad específica pone en serio riesgo la prosecución de la temporada en Alemania, Inglaterra, Italia y España.
De hecho, esta semana tiene toda la cara de convertirse en decisiva, sea para convenir protocolos viables para regularizar los entrenamientos y la competencia oficial (desde luego que sin público por tiempo indeterminado), sea para que los gobiernos apliquen un criterio restrictivo por obvias razones de emergencia sanitaria.
Desde esta perspectiva, la inhibitoria, sería cortada de raíz la compartida aspiración de reanudar la competencia hacia la segunda semana de junio próximo, salvo en Alemania.
Más allá de las características singulares de cada país, sus federaciones comparten la voluntad de tomar distancia de lo ya decidido en Bélgica, Países Bajos y Francia, en ese orden cronológico.
La Jupiler League de Bélgica fue dada por terminada con la coronación del Brujas (aunque falte aún la venia formal de la UEFA: Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol), la Eredivisie neerlandesa fue cancelada y dejado vacante el casillero del campeón y en la Ligue 1 de Francia el título resultó adjudicado a Paris Saint-Germain cuando llevaba 12 puntos de ventaja al Olympique de Marsella.
En Alemania, cuyo campeonato es liderado por Bayern Münich, cada equipo dispone de un agente sanitario y en el mejor de los casos se prevé un test a cada jugador antes y después del partido y una estricta normativa de higiene que contempla la observancia de once puntos.
De todas maneras, la palabra definitiva será de la canciller Angela Merkel, cuya eventual autorización podría redundar en que la Bundesliga volviera a jugarse incluso en el corriente mes.
En tanto, la liga inglesa sufre de un escenario de mayor complejidad, habida cuenta de que el gobierno inglés ve con ojos menos optimistas la propuesta formulada por los dirigentes en torno de la realización de los partidos: a puertas cerradas y con un máximo de 400 personas en el estadio, incluidos los periodistas, obligados asimismo a hacerse la prueba del COVID-19. (En Inglaterra, cuyo torneo es dominado con holgura por Liverpool, varios planteles han comenzado a entrenarse en correspondencia con el imperativo de estos días: futbolistas con tapabocas y en vestuarios separados).
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