Mientras que en Quilmes los contagios de coronavirus superaron los once mil casos desde el inicio de la pandemia, los vendedores del Paseo Rivadavia toman los recaudos necesarios para seguir trabajando sin riesgo sanitario.
Este es el caso de la vendedora de garrapiñadas de Rivadavia y Alvear, que tapó el puesto con una cortina de nylon para continuar trabajando.
Así se la puede ver todos los días, con su propio sistema de aislamiento, que la protege de los clientes, la deja moverse en libertad y también evita un posible contacto con las personas.
La cantidad de personas que circula diariamente por el Paseo Rivadavia es grande y, con el correr de la cuarentena, ha ido en incremento.
Los comercios abrieron con sus protocolos pero al aire libre la posibilidad de un contagio de coronavirus es menor.
Sin embargo, la vendedora de garrapiñadas quiso dar seguridad a sus eventuales clientes con la cortina de plástico transparente que, además, la protege del frío.
