Titulares

Monzón lo lleva en la piel

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Pedro Monzón lleva a Diego Armando Maradona en el corazón, ahora también lo lleva en la piel. El director técncio de Argentino de Quilmes se tatuó el rostro de Pelusa en el antebrazo derecho, fue así que lo lució en la previa del encuentro entre el Mate y Colegiales por la primera fecha de la Zona Reválida 2 de la B Metropolitana.
Moncho, de 57 años, le rindió homenaje al Diez, llevándolo en su piel; el tatuaje fue hecho por el volante Walter Hermoso, quien tatúa en su estudio en Berazategui.
«¡Qué decir de nuestro DT! Diego en la piel de Pedro», publicaron en las redes sociales de AQ.
Monzón ha demostrado una vez más su amor y su completa gratitud hacia el mejor jugador de todos los tiempos, quien falleció el 25 de noviembre como consecuencia de una insuficiencia cardíaca aguda, que le generó un edema de pulmón
El DT del Criollo y Pelusa coincidieron en el seleccionado argentino, quienes estuvieron muy cerca de coronarse campeón en el Mundial de Italia 1990.
Esta es parte de la historia de amistad que une por siempre a Moncho y a Maradona.
El homenaje de Monzón al 10 tiene un significado especial porque Pelusa, sin saberlo, le salvó la vida hace unos años cuando el entrenador había tocado fondo y no le econtraba sentido alguno a la vida.
«Me había separado, tenía un local y vivía ahí. Tenía una sola silla, estaba mal económicamente, no tenía nada: apenas para comer y, a veces, no. Buscaba excusas, la verdad era que no me quería matar. Después me di cuenta de que era un cobarde, y qué bueno que lo fui. Tenía la pistola en la mano y no lo hacía nunca. Tal vez Dios hacía que no apretara el gatillo», confesó.
El exjugador de Independiente se había prometido a sí mismo quitarse la vida si Diego no iría a visitarlo
«Un día dije ‘lo voy a llamar a Diego y, si no viene, me suicido’. Estaba loco. Lo llamo y me dice ‘¿qué te pasa?’. Le dije ‘quiero hablar con vos, no me siento bien, no estoy bien’. ‘No te preocupes, aguantame un rato, ¿dónde estás?’, me contestó. Para mí tardó cinco minutos en llegar, pero seguro fue más tiempo. Cuando vino, dije ‘no puede ser’. Vi la camioneta y estaba solo. No le mostré el fierro, qué le iba a decir. No se lo dije (que se quería suicidar) porque tenía tanta vergüenza. Pensé que no iba a venir y vino», explicó.
Monzón nunca se olvidará de ese momento y del apoyo que tuvo. Lo inmortalizó en su piel, una hermosa forma de recordar a su amigo.

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