El expresidente de Estados Unidos firmó una orden ejecutiva que endurece la política antidrogas, en un contexto llamativo marcado por el debate sobre una posible reclasificación de la marihuana.
Donald Trump firmó una orden ejecutiva mediante la cual declaró al fentanilo como un “arma de destrucción masiva”, una definición inédita que eleva el estatus del opioide sintético al nivel de amenaza extrema para la seguridad nacional de Estados Unidos.
La medida se conoció en un momento políticamente sensible, ya que desde distintos sectores del sistema político estadounidense se anticipa que el gobierno podría avanzar próximamente en la reclasificación de la marihuana, lo que implicaría un giro más permisivo en relación con esa sustancia.
El fentanilo es señalado por las autoridades sanitarias y de seguridad como uno de los principales responsables de la crisis de sobredosis que atraviesa el país, con decenas de miles de muertes anuales. Con esta decisión, Trump busca reforzar el enfoque punitivo y de seguridad, equiparando su circulación al uso de armas no convencionales.
La orden habilita mayores herramientas para las fuerzas federales y endurece el discurso contra el narcotráfico, especialmente en relación con el tráfico transnacional y el rol de organizaciones criminales que operan en la frontera con México.