El Gobierno nacional decidió, una vez más, patear para adelante el aumento en los impuestos a la nafta y al gasoil, al disponer que recién en noviembre se apliquen los ajustes correspondientes. La medida quedó plasmada en el Decreto 699/2025, publicado este miércoles en el Boletín Oficial.
En lo formal, el Ejecutivo justificó la decisión en la necesidad de “continuar estimulando el crecimiento de la economía a través de un sendero fiscal sostenible”. En lo real, el congelamiento tiene nombre y apellido: elecciones. Con un dólar en alza tras la derrota del oficialismo en los comicios legislativos bonaerenses y con la inflación en tensión, Milei prefirió diferir los aumentos para que los precios en los surtidores no se disparen justo antes de ir a las urnas.
Una contradicción con su propio discurso
El autoproclamado adalid del “libre mercado” vuelve a mostrar la otra cara: administrar precios y contener la inflación con medidas discrecionales, exactamente lo que tantas veces criticó en sus antecesores. Desde mediados de 2024, el Gobierno ya postergó 16 veces la actualización de los impuestos a los combustibles, siempre con la misma excusa: “evitar un mayor impacto en la inflación”.
El relato libertario queda en evidencia: mientras Milei promete que el mercado debe fijar los precios sin intervención del Estado, en la práctica usa la lapicera para retrasar aumentos cuando el costo político se vuelve demasiado alto.
Una bomba de tiempo que explotará después de los comicios
El aplazamiento decidido ahora significa que los incrementos que debieron aplicarse en 2024 y en lo que va de 2025 se seguirán acumulando. En noviembre —ya con las elecciones legislativas nacionales concluidas— llegará la factura completa. Y como siempre, será la ciudadanía la que termine pagando.
En definitiva, Milei y su ministro de Economía, José Luis Espert, aplican la misma receta que cuestionaron durante años: congelar, postergar, disfrazar la inflación hasta que pase la tormenta electoral.
