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Aldo Sessa, una vida detrás de la cámara: el fotógrafo que convirtió la mirada en memoria

Aldo Sessa, una vida detrás de la cámara: el fotógrafo que convirtió la mirada en memoria Aldo Sessa, una vida detrás de la cámara: el fotógrafo que convirtió la mirada en memoria
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Hay fotógrafos que registran imágenes y hay otros que construyen una manera de mirar. Aldo Sessa pertenece a esa segunda categoría. A lo largo de más de seis décadas detrás de una cámara, construyó uno de los archivos fotográficos más importantes de la Argentina y convirtió a personajes, paisajes, objetos y escenas cotidianas en parte de la memoria visual del país.

Nacido en Buenos Aires en 1939, Sessa creció prácticamente rodeado de imágenes. Su abuelo había fundado los Laboratorios Alex de cinematografía y su padre estaba vinculado con las artes gráficas. Desde muy joven se acercó también a la pintura y, a los 17 años, comenzó sus primeras colaboraciones fotográficas con el diario La Nación. Posteriormente trabajó para La Gaceta de Tucumán y desarrolló una extensa carrera que atravesó el periodismo, el arte y la fotografía documental.

Un momento decisivo llegó en 1962, cuando viajó a Los Ángeles para estudiar cinematografía. Allí descubrió las posibilidades de la fotografía en color y profundizó su relación con la imagen. Ese mismo año abrió su primer estudio en Palermo y adoptó como una de sus herramientas fundamentales la cámara de formato medio Rolleiflex. Desde entonces, la fotografía se convirtió en una búsqueda permanente.

Su archivo reúne retratos de algunas de las figuras más importantes de la cultura argentina e internacional. Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Juan Manuel Fangio, Julio Le Parc, Ray Bradbury, Manuel Mujica Láinez, Silvina Ocampo y otras personalidades pasaron frente a su objetivo. Pero su trabajo nunca quedó limitado al retrato: también dedicó años a observar Buenos Aires, el tango, el Teatro Colón, los paisajes argentinos y la vida cotidiana.

Uno de sus grandes trabajos fue su recorrido por la Argentina. Sessa realizó varias campañas fotográficas que lo llevaron por todas las provincias, buscando comprender el territorio a través de sus paisajes y, especialmente, de sus habitantes. El gaucho, el mate y las escenas rurales aparecen así como parte de una construcción visual de identidad nacional que atraviesa buena parte de su producción.

También Buenos Aires ocupó un lugar central en su obra. Entre 1982 y 1987 fotografió de manera independiente el Teatro Colón, explorando sus espacios y utilizando la luz disponible para construir imágenes alejadas de la simple documentación. La ciudad, el tango y sus edificios emblemáticos se transformaron en escenarios donde Sessa volvió a demostrar que fotografiar también implica interpretar.

Su vínculo con la literatura produjo además trabajos de enorme relevancia. En 1976 publicó junto a Jorge Luis Borges “Cosmogonías”, una colaboración que marcó el comienzo de una serie de proyectos compartidos con escritores. A lo largo de su carrera trabajó también con autores como Ray Bradbury, Manuel Mujica Láinez y Silvina Ocampo.

Pero la curiosidad de Sessa no quedó detenida en el pasado. A los 86 años continúa fotografiando y trabajando en nuevos proyectos. Su producción reciente incluye nuevos libros y búsquedas experimentales en las que combina fotografía, pintura, dibujo, objetos, transparencias, texturas y luces creadas especialmente para cada imagen. Su archivo, además, continúa revelando fotografías y series que permiten descubrir nuevas dimensiones de una trayectoria extraordinariamente extensa.

A lo largo de su carrera realizó más de 200 exposiciones y publicó más de 50 libros, además de recibir importantes reconocimientos institucionales. Fue distinguido como Ciudadano Ilustre de Buenos Aires y forma parte de instituciones vinculadas con las artes y la fotografía. Su obra también integra colecciones y muestras dentro y fuera de la Argentina.

Sin embargo, quizás el dato más revelador de su presente sea mucho más sencillo: Sessa continúa haciendo fotografías todos los días. Utiliza su teléfono, cámaras Leica y diferentes herramientas según aquello que quiera expresar. La tecnología cambia, los soportes cambian y las generaciones pasan, pero la necesidad de mirar permanece intacta.

En una época donde fotografiar se convirtió en un gesto cotidiano al alcance de cualquiera, la trayectoria de Aldo Sessa recuerda que una cámara no garantiza una mirada. La diferencia está en aquello que el fotógrafo consigue descubrir frente a ella.

Y después de más de 80 años de vida vinculada al arte y más de seis décadas de fotografía, Sessa continúa buscando justamente eso: mirar, descubrir y convertir el instante en memoria.

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