«¡Qué alegría encontrarnos aquí, a los pies de nuestra Madre, la Virgen de Luján! Llegamos hasta este santuario con el corazón lleno de gratitud y de historia. Hoy nuestra peregrinación tiene un sentido profundamente sagrado: venimos como Iglesia diocesana de Quilmes a celebrar y agradecer nuestros primeros 50 años de vida. Medio siglo de caminar juntos como pueblo de Dios, con nuestras alegrías, nuestros dolores, con nuestros testigos de la fe y nuestros corazones llenos de esperanza. En estos 50 años de vida diocesana, miles de fieles venidos del sur de Buenos Aires peregrinaron con sus pastores: los Padres Obispos Jorge Novak, Gerardo Farrell, Luis Stöckler, Maxi Margni y nosotros dos, el Padre Obispo Eduardo y quien les habla. Siempre el pueblo de Dios, a los pies de la Virgen, valoró las enseñanzas de los sucesivos Papas: Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, el recordado Papa Francisco y ahora, dentro de dos meses, en este lugar estará el querido Papa León XIV venerando a la Patrona de la Patria y dándonos su enseñanza de Pastor», dijo el obispo Carlos Tissera durante la 48va. Peregrinación a Luján.
«Este espíritu de escucha, perdón y comunión es el que ha guiado también nuestros últimos meses de trabajo comunitario en el Tercer Sínodo Diocesano. Hemos hecho el ejercicio de sentarnos, escucharnos, sanar diferencias y discernir juntos qué Iglesia queremos ser. El sábado 19 de septiembre, el día exacto en que cumplimos nuestras Bodas de Oro, se presentará oficialmente el Documento Final de este Sínodo en nuestra Catedral».
«Ese documento es la hoja de ruta para los próximos años. Pero para que esas líneas pastorales cobren vida en Quilmes, Berazategui y Florencio Varela, necesitamos la gracia que hoy venimos a pedir a Luján: la gracia de ser una Iglesia sinodal, lo que significa ser una Iglesia que sabe perdonar. No podemos escribir un documento sobre la fraternidad y la misión si después seguimos cobrando pequeñas deudas a nuestros hermanos en el día a día».
