La economía argentina atraviesa un momento crítico, comparable para algunos con la crisis de diciembre de 2001. Sin embargo, en esta ocasión no se trata de una corrida bancaria ni de un riesgo directo para los depósitos, sino de un escenario de presión cambiaria y financiera que lleva cinco meses.
El conflicto se originó a mediados de abril, cuando el Gobierno intentó una salida del cepo cambiario con un esquema de bandas de flotación que no logró generar confianza. La medida, que buscaba ser una señal positiva, terminó limitando la capacidad de la administración de acumular divisas y reforzar la posición frente a los acreedores externos.
En este período, el riesgo país subió de 400 a 1.400 puntos y el dólar pasó de $1.100 a $1.500. Paralelamente, un oficialismo que proyectaba las elecciones legislativas de octubre como un trámite para avanzar en reformas laborales, tributarias y previsionales, se enfrenta ahora a un escenario de inestabilidad política y económica.
La derrota electoral del 7 de septiembre reforzó la presencia de dirigentes opositores y sumó tensión al panorama. En este contexto, el Gobierno anunció este jueves que está dispuesto a vender los dólares que sean necesarios para frenar una escalada mayor en el tipo de cambio, con una referencia clave en los $1.500.
El mercado espera la reacción de los operadores este viernes, en una jornada que promete ser decisiva para el rumbo económico inmediato.
