La producción de petróleo alcanzó en septiembre los 973.700 barriles diarios, un crecimiento interanual del 15,5%. Sin embargo, el consumo de naftas retrocedió un 5% durante los primeros nueve meses de 2026 respecto de igual período de 2023. El deterioro del poder adquisitivo y los aumentos de precios explican parte de la brecha entre el auge exportador y la demanda interna.
La Argentina atraviesa una paradoja energética: mientras la producción de petróleo registra niveles récord impulsada por Vaca Muerta, el consumo de nafta en el mercado interno continúa en retroceso. Durante los primeros nueve meses de 2026, las ventas del combustible cayeron un 5% en comparación con el mismo período de 2023, una señal del deterioro de la capacidad de compra de los hogares.
Según datos de la Secretaría de Energía, procesados por la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción nacional de petróleo llegó en septiembre a los 973.700 barriles diarios, un 15,5% más que un año atrás. En el acumulado entre enero y septiembre, el promedio se ubicó en 906.000 barriles por día, con un incremento del 16,3% interanual.
El crecimiento de la actividad petrolera, sin embargo, no se traduce en una mayor demanda de combustibles por parte de los consumidores argentinos. El desarrollo de Vaca Muerta fortalece las exportaciones y genera nuevos ingresos de divisas, pero la actividad del mercado interno muestra una dinámica diferente.
Las provincias donde más cayó el consumo
El retroceso de las ventas de nafta alcanzó a prácticamente todo el país. De acuerdo con un análisis del Instituto Argentina Grande (IAG), la comparación entre enero y septiembre de 2026 y el mismo período de 2023 muestra caídas en todas las provincias, con excepción de Neuquén y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Las mayores contracciones se registraron en Misiones, con una baja del 32%, y Formosa, con un retroceso del 26,7%. En ambas jurisdicciones, el encarecimiento del combustible respecto de los países limítrofes también afectó las ventas a conductores extranjeros que anteriormente cargaban en estaciones argentinas.
Desde el IAG señalaron que el fenómeno fronterizo explica parte de la diferencia entre las jurisdicciones, aunque el deterioro del consumo también responde a factores económicos más generales.
En la comparación interanual, las ventas nacionales de nafta registraron una caída del 1,86%, con descensos en 22 de las 24 jurisdicciones. La Rioja, Corrientes, Santa Cruz y Misiones encabezaron las bajas, con retrocesos de entre el 6,6% y el 6,7%.
La provincia de Buenos Aires, pese a su peso demográfico, mostró una variación levemente positiva en esa medición, aunque el resultado nacional permaneció en terreno negativo.
Los salarios pierden frente al costo de vida
El deterioro del poder adquisitivo aparece como uno de los principales factores detrás de la menor demanda de combustible.
Según los datos del Indec citados en el informe, entre noviembre de 2023 y agosto de 2026 los salarios privados registrados acumularon una caída real del 4,2%. En el sector público provincial, el retroceso llegó al 13%, mientras que entre los trabajadores de la administración pública nacional alcanzó el 37,7%.
El Instituto Argentina Grande también realizó una estimación utilizando los ponderadores de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2017, en lugar de los correspondientes a 2004 que todavía se encuentran implícitos en el índice de precios al consumidor.
Con esa metodología, la pérdida salarial estimada asciende al 11,8% para los trabajadores privados registrados, al 21,2% para los empleados públicos provinciales y al 44,5% para los trabajadores del Estado nacional.
La diferencia entre ambas mediciones está vinculada con el peso que tienen actualmente los servicios en los gastos de los hogares. La actualización de los ponderadores del IPC continúa siendo un punto de discusión sobre la forma de medir la evolución del costo de vida.
Menor participación de los salarios en la economía
Otro indicador que refleja el cambio en la distribución de los ingresos es la participación de la remuneración al trabajo en el valor agregado bruto.
De acuerdo con las estadísticas del Indec, ese porcentaje pasó del 45,4% en el segundo trimestre de 2025 al 42,9% en igual período de 2026. La reducción fue de 2,43 puntos porcentuales.
La caída se explicó tanto por el retroceso de la participación salarial en el sector privado como por la disminución correspondiente al sector público. En términos generales, los ingresos de los trabajadores perdieron peso dentro del valor generado por la economía.
El informe también advierte sobre una transformación en el mercado laboral: crecen las modalidades de empleo precario y los trabajadores necesitan incrementar las horas de actividad para sostener sus ingresos.
Durante el segundo trimestre de 2026, las horas trabajadas aumentaron un 1,2% interanual. Sin embargo, mientras las correspondientes a los asalariados disminuyeron un 0,6%, las de los trabajadores no asalariados crecieron un 6,3%.
Entre los registrados, las horas trabajadas retrocedieron un 0,5%, mientras que entre los no registrados la caída fue del 0,7%.
La caída del consumo también se observa en los supermercados
La retracción de las ventas de combustible no constituye un fenómeno aislado. El consumo en supermercados también muestra dificultades, especialmente en las provincias del norte argentino.
Según el Instituto Argentina Grande, las ventas a precios constantes en agosto de 2026 alcanzaron el segundo nivel más bajo desde 2017.
La situación presenta fuertes diferencias regionales. Formosa registró una caída del 39,8% y Misiones del 39,3%, mientras que otras provincias del centro y sur mostraron retrocesos más moderados.
En contraste, Neuquén presentó un crecimiento del 13,8% y Río Negro del 5,6%, de acuerdo con el relevamiento.
La evolución de ambos indicadores —combustibles y supermercados— refleja las dificultades que atraviesan los hogares para sostener sus niveles de consumo.
El auge exportador y la debilidad del mercado interno
El crecimiento de Vaca Muerta consolidó a la energía como uno de los principales sectores generadores de divisas para la Argentina. La expansión de la producción petrolera permite incrementar los saldos exportables y fortalecer la presencia del país en los mercados internacionales.
Sin embargo, ese crecimiento convive con una demanda interna debilitada. La producción aumenta, pero los consumidores reducen sus compras de combustible y ajustan otros gastos cotidianos.
La diferencia entre ambos comportamientos vuelve a instalar el debate sobre cómo se distribuyen los beneficios de la expansión energética y qué mecanismos pueden permitir que esa actividad tenga un impacto mayor sobre el conjunto de la economía.
Por ahora, las cifras muestran dos realidades simultáneas: un sector petrolero que alcanza marcas históricas de producción y exportación, y un mercado interno donde los salarios y el consumo continúan condicionados por la pérdida de poder adquisitivo.
