En apenas un año y medio de gestión, el gobierno de Javier Milei ya acumula un dato preocupante: al menos 13 reconocidas empresas multinacionales decidieron abandonar sus operaciones en el país, lo que refleja las crecientes dificultades para producir, invertir y generar empleo en un contexto marcado por la recesión y la caída del consumo.
Las compañías que se fueron son: ExxonMobil, HSBC, Prudential, Procter & Gamble (P&G), Clorox, Xerox, Internexa, Petronas, Enap Sipetrol, Mercedes Benz, Telefónica, Southern Cross (Atria Soluciones Logísticas) y SHV Holding (Makro). Varias de ellas tenían una trayectoria de décadas en el país y empleaban a miles de trabajadores.
Entre los motivos que esgrimen las propias empresas se destacan las trabas para operar con normalidad, el descontrol cambiario, la baja en las ventas por el derrumbe del consumo interno y la falta de previsibilidad económica y regulatoria.
Clima adverso para las inversiones
Lejos de atraer nuevas inversiones, el actual modelo económico parece estar generando un éxodo de capitales y estructuras productivas. La combinación de ajuste fiscal, inflación persistente, altísimas tasas de interés y liberalización indiscriminada de precios y tarifas, está dejando a muchas firmas sin margen de maniobra.
Los casos de firmas como HSBC o Makro, que se retiraron de un mercado en el que operaban desde hace décadas, marcan un antes y un después en la relación entre el capital privado y el Estado argentino. La decisión de abandonar el país no solo implica la pérdida de puestos de trabajo, sino también una señal negativa para nuevos inversores que analizan ingresar al país.
Un país que pierde empresas y empleos
En paralelo al retiro de estas empresas, crece el desempleo y se debilita el aparato productivo nacional. Las grandes marcas se van, pero también muchas pymes cierran o achican sus operaciones por la imposibilidad de sostener los costos.
Este fenómeno va acompañado por una caída del poder adquisitivo, baja del consumo, aumento de la informalidad y concentración económica, ya que algunas de las firmas que se retiran venden sus activos a grupos locales que concentran cada vez más mercado.
Sin respuestas del Gobierno
A pesar del impacto de estas salidas, el Gobierno nacional no ha dado explicaciones ni ha propuesto medidas para revertir la tendencia. En cambio, sigue profundizando un modelo basado en el achique del Estado, la desregulación indiscriminada y una política monetaria y fiscal contractiva que asfixia tanto a consumidores como a productores.
En este contexto, la salida de empresas no parece ser un hecho aislado, sino parte de un proceso más amplio de pérdida de capital productivo, que pone en riesgo el futuro económico del país.
¿Hasta cuándo podrá sostenerse este rumbo sin consecuencias sociales y estructurales cada vez más profundas?
