Buenos Aires, 14 marzo – La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a generar incertidumbre en los mercados internacionales y modificó las expectativas económicas globales. El economista Gabriel Caamaño advirtió que el fuerte aumento en el precio del petróleo representa un nuevo shock para la economía mundial, con efectos sobre la inflación, la política monetaria y los mercados financieros.
Según explicó, la principal incógnita para los inversores es determinar si la suba del crudo será transitoria o si marcará un cambio más persistente. “Estamos terminando de ver si estamos ante un shock con cierto nivel de permanencia”, señaló.
El economista remarcó que el petróleo tiene un peso clave en la economía global por su impacto directo en los costos logísticos y productivos. “Cuando se producen saltos tan rápidos y significativos en el precio del petróleo lo que se genera es una retracción de la curva de oferta”, afirmó en declaraciones radiales.
De acuerdo con su análisis, los mercados reaccionan con alta volatilidad frente a cada señal política o militar vinculada al conflicto. “Cuando el mercado interpreta que la guerra se profundiza, los activos caen; cuando aparece la expectativa de negociación o distensión, se recuperan”, describió.
Uno de los focos de mayor preocupación es la situación en el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde circula una porción significativa del petróleo mundial. Las tensiones en esa zona alimentan el temor a interrupciones en el comercio energético y presionan al alza los precios.
En pocos días, el valor del crudo registró fuertes subas. Según explicó Caamaño, el barril Brent crude oil pasó de valores cercanos a los 60 dólares a superar los 100, en movimientos extremadamente rápidos que en algunos casos implicaron aumentos cercanos al 100% en una semana.
Este escenario también empezó a modificar las expectativas sobre las tasas de interés en las principales economías. En Estados Unidos y Europa, las previsiones de recortes en el costo del dinero comenzaron a revisarse ante el posible impacto inflacionario de la energía.
“Hace pocas semanas se discutía si iba a haber tres bajas de tasas en Estados Unidos y ahora se debate si finalmente no habrá recortes”, explicó el economista. En Europa, incluso, algunos analistas ya plantean la posibilidad de subas si el encarecimiento del petróleo presiona sobre los precios.
La volatilidad también alcanzó a los activos considerados refugio en períodos de crisis. Según Caamaño, el gold y los bonos del Tesoro estadounidense mostraron movimientos inesperados en las últimas semanas.
El oro venía impulsado por la expectativa de una baja de tasas y por posiciones especulativas, pero ante pérdidas de algunos fondos y la necesidad de cubrir rescates de inversores se produjo una liquidación de posiciones que presionó las cotizaciones a la baja.
En el plano local, Caamaño sostuvo que uno de los factores que permitió iniciar el proceso de desinflación fue el cambio en la política fiscal del gobierno de Javier Milei. “El cambio de régimen fiscal fue fundamental y es de las mejores cosas que hizo el gobierno”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que el ajuste fiscal por sí solo no alcanza para sostener una desinflación rápida sin afectar la actividad económica. “Desinflar solo con política fiscal te va a salir muy caro en términos de actividad”, explicó.
A su entender, el problema central es la falta de un régimen monetario claro que complemente la estrategia fiscal. “El gobierno no armó un régimen monetario claro”, sostuvo.
El economista también describió una economía local todavía debilitada, con consumo afectado y con ingresos reales que no logran recuperarse plenamente. “Es una economía que está pesada por el lado de la actividad”, señaló.
En ese marco, consideró que el Gobierno aprovechará el actual calendario político sin elecciones para avanzar en correcciones pendientes, principalmente en precios relativos como tarifas de servicios públicos y subsidios energéticos.
Según su análisis, el proceso de estabilización continúa, pero enfrenta un contexto internacional más incierto y una economía doméstica que aún muestra fragilidad. “Cuando entrás en un régimen de inflación más baja, bajar cada punto cuesta más”, concluyó.
