La industria textil e indumentaria argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Un informe sectorial advirtió sobre una fuerte caída de la producción, el desplome del consumo interno, el cierre de empresas y una pérdida de empleo que ya alcanza niveles históricos.
Según los datos relevados, la producción textil registró una caída interanual del 23,3% durante marzo, mientras que la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado retrocedió 8,9% en comparación con el mismo período del año anterior. Si se toma como referencia 2023, las bajas son aún más pronunciadas y reflejan el deterioro acumulado de la actividad.
Uno de los indicadores que más preocupa es la utilización de la capacidad instalada. Las fábricas textiles operaron apenas al 40,2% de su potencial durante marzo y, en promedio, siete de cada diez máquinas permanecieron sin actividad durante el primer trimestre del año. Empresarios del sector advierten que estos niveles dificultan la sostenibilidad de las plantas productivas y ponen en riesgo nuevas inversiones.
La crisis también impacta de lleno sobre el empleo. El complejo textil, de confecciones, cuero y calzado encabeza la caída del trabajo asalariado privado registrado en el país, con una reducción del 18% desde diciembre de 2023. En términos absolutos, la pérdida asciende a 22.156 puestos de trabajo en poco más de dos años, convirtiéndose en el sector más afectado de toda la economía argentina.
A la caída de la producción y el empleo se suma una reducción de la estructura empresarial. Desde fines de 2023 dejaron de operar 803 establecimientos productivos registrados, lo que representa una disminución del 13% del total de empresas vinculadas a la actividad. Los rubros más golpeados son los relacionados con la confección de indumentaria, el cuero y el calzado.
Mientras tanto, las importaciones de productos terminados continúan creciendo. Durante el primer cuatrimestre del año, el ingreso de prendas de vestir del exterior aumentó de manera significativa, en un contexto donde la producción nacional pierde participación en el mercado interno. Diversos actores del sector sostienen que la combinación de apertura comercial, caída del consumo y elevados costos internos profundiza las dificultades para competir.
Frente a este escenario, las entidades empresarias reclaman medidas orientadas a mejorar la competitividad, facilitar el acceso al financiamiento y aliviar la carga impositiva para evitar que continúe el cierre de fábricas y la pérdida de puestos de trabajo en una actividad que históricamente ha sido una de las principales generadoras de empleo industrial del país.
