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De Louise Brown a la inteligencia artificial: cómo cambió la medicina reproductiva en casi cinco décadas

De Louise Brown a la inteligencia artificial: cómo cambió la medicina reproductiva en casi cinco décadas De Louise Brown a la inteligencia artificial: cómo cambió la medicina reproductiva en casi cinco décadas
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La primera persona nacida mediante fertilización in vitro llegó a la Argentina para participar de un congreso que reunió a especialistas de todo el país. Casi 50 años después de aquel nacimiento que marcó un antes y un después, la medicina reproductiva incorpora inteligencia artificial, análisis de datos, genética y nuevas técnicas de preservación de la fertilidad.

Cuando Louise Joy Brown nació el 25 de julio de 1978 en Inglaterra, el mundo asistió a un acontecimiento que modificó para siempre la historia de la medicina reproductiva. Era la primera persona nacida luego de una fertilización realizada fuera del organismo materno.

El procedimiento había sido desarrollado por los investigadores Robert Edwards y Patrick Steptoe y permitió demostrar que un óvulo humano podía ser fecundado en un laboratorio, dar origen a un embrión y posteriormente ser transferido al útero para continuar allí su desarrollo.

Aquello que en ese momento era considerado una frontera científica pasó, con el correr de las décadas, a formar parte de las herramientas habituales de la medicina reproductiva.

Casi medio siglo después, Louise Brown, que hoy tiene 48 años, llegó por primera vez a la Argentina como invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR). El encuentro reunió a alrededor de 1.500 profesionales y especialistas vinculados con la salud reproductiva.

Su presencia funcionó como un puente entre aquel primer nacimiento y una disciplina que actualmente trabaja con herramientas que en 1978 eran inimaginables: inteligencia artificial, análisis masivo de datos, sistemas de observación continua de embriones, genética reproductiva y técnicas cada vez más sofisticadas de criopreservación.

De una técnica experimental a una práctica médica

La fertilización in vitro fue el punto de partida de una transformación que involucró prácticamente todas las etapas de los tratamientos de reproducción asistida.

Con el tiempo se perfeccionaron los protocolos de estimulación ovárica, los medios utilizados para el cultivo embrionario y las técnicas de laboratorio. También avanzaron la vitrificación de óvulos y embriones, los estudios genéticos y los sistemas destinados a observar el desarrollo embrionario.

Actualmente, los laboratorios pueden utilizar sistemas time-lapse que registran de manera continua el desarrollo de los embriones. Esa información permite observar características que antes solamente podían analizarse mediante controles realizados en determinados momentos.

A ese proceso se sumó la inteligencia artificial, que comenzó a utilizarse para analizar imágenes y grandes volúmenes de información y desarrollar modelos destinados, entre otras aplicaciones, a colaborar en la evaluación embrionaria y la predicción de determinados resultados.

El programa del Congreso de SAMeR incluyó precisamente una conferencia sobre la IA como herramienta de apoyo en la estimulación ovárica y trabajos científicos dedicados a su utilización para predecir embarazos y comparar estrategias de clasificación embrionaria.

La tecnología no elimina el factor edad

Pero el desarrollo tecnológico también tiene límites.

Uno de los principales desafíos que continúan enfrentando los especialistas es el efecto de la edad sobre la fertilidad. Las nuevas herramientas pueden mejorar determinados procedimientos y aportar información adicional, pero no eliminan el envejecimiento reproductivo.

Según los datos presentados en el Congreso, la tasa de nacimiento por transferencia de un embrión fresco utilizando óvulos propios supera el 30% entre los 18 y los 34 años, mientras que desciende hasta alrededor del 5% o menos entre los 43 y los 44 años.

Por eso, uno de los cambios que los especialistas buscan promover es que la conversación sobre fertilidad no comience exclusivamente cuando aparece una dificultad para lograr un embarazo.

El presidente de SAMeR y del Congreso, Agustín Pasqualini, planteó que una consulta reproductiva no necesariamente implica comenzar un tratamiento. También puede servir para conocer la situación reproductiva, comprender cómo evoluciona la fertilidad con el paso del tiempo y evaluar alternativas.

La diferencia es importante: la tecnología puede ampliar las posibilidades, pero no garantiza un embarazo ni un nacimiento.

Preservar óvulos para el futuro

En ese contexto adquirió cada vez mayor relevancia la preservación de la fertilidad.

La vitrificación de ovocitos permite conservar óvulos obtenidos en una determinada etapa de la vida para un eventual proyecto reproductivo posterior. Se trata de una posibilidad que no existía en las condiciones actuales cuando nació Louise Brown.

Sin embargo, los especialistas advierten que congelar óvulos no constituye un seguro de maternidad. Las posibilidades futuras dependen, entre otros factores, de la edad en la que se realiza la preservación y de la cantidad y calidad de los ovocitos obtenidos.

El Congreso dedicó una de sus actividades específicamente a la preservación de la fertilidad y abordó también la vitrificación de ovocitos y el impacto que tienen los cambios demográficos sobre las decisiones reproductivas.

La inteligencia artificial entra al laboratorio

La incorporación de la inteligencia artificial representa uno de los capítulos más recientes de esta evolución.

Los sistemas de IA pueden procesar grandes cantidades de información y analizar imágenes que corresponden al desarrollo embrionario. También se estudian modelos capaces de combinar variables clínicas y de laboratorio para generar herramientas de apoyo a las decisiones médicas.

Uno de los trabajos científicos presentados durante el Congreso analizó una herramienta de inteligencia artificial aplicada a la predicción del embarazo en tratamientos de fertilización asistida. Otro comparó la IA con la experiencia de los embriólogos para evaluar estrategias de clasificación destinadas a predecir la implantación.

La incorporación de estas herramientas, sin embargo, plantea un desafío adicional: distinguir entre aquellas tecnologías que ya cuentan con evidencia suficiente y aquellas que todavía se encuentran en etapa de evaluación.

Ese debate también alcanza a los llamados add-ons, procedimientos o tecnologías complementarias que se ofrecen junto con los tratamientos tradicionales. El Congreso incluyó una actividad específica destinada a analizar su evidencia, utilidad clínica y aplicación en el laboratorio.

Ciencia, datos y nuevas investigaciones

La evolución no se limita a la inteligencia artificial.

En Argentina también se desarrollan investigaciones orientadas a mejorar diferentes etapas de la reproducción asistida. Un ejemplo reciente es HyperSperm, una tecnología de capacitación espermática desarrollada por científicos vinculados al CONICET y que fue evaluada en estudios clínicos con pacientes sometidos a fertilización in vitro.

Según el CONICET, un estudio multicéntrico realizado en tres centros de fertilidad involucró a 41 parejas y encontró un aumento en la cantidad y calidad de los embriones transferibles. La tecnología avanza ahora hacia una nueva etapa de investigación clínica.

Estos desarrollos muestran que la evolución de la medicina reproductiva no depende de una única innovación, sino de la combinación de avances en distintas áreas: estimulación ovárica, embriología, genética, criopreservación, análisis de datos y conocimiento sobre los factores que intervienen en la fertilidad.

Una historia que empezó en 1978 y todavía continúa

La historia de Louise Brown permite dimensionar la velocidad de esa transformación.

En 1978, el desafío consistía en demostrar que era posible fecundar un óvulo humano fuera del organismo y lograr que ese embrión llegara a convertirse en un nacimiento.

Casi cinco décadas después, la medicina reproductiva trabaja sobre preguntas mucho más complejas: cómo seleccionar y conservar mejor los ovocitos, cómo analizar el desarrollo embrionario, qué información genética puede ser relevante, cómo personalizar los tratamientos y de qué manera la inteligencia artificial puede ayudar a interpretar grandes cantidades de datos.

La propia presencia de Brown en Buenos Aires sintetizó esa evolución. Su nacimiento fue el comienzo de una nueva etapa científica; su participación en un congreso dedicado a las tecnologías actuales permitió observar hasta dónde llegó aquel experimento que en 1978 parecía imposible.

Pero también dejó en evidencia que, pese a los avances, la reproducción asistida sigue teniendo límites biológicos y que ninguna tecnología puede garantizar por sí sola un resultado.

El desafío actual, plantean los especialistas, pasa entonces por combinar innovación y evidencia científica con información clara para que las personas puedan conocer sus alternativas y tomar decisiones sobre su futuro reproductivo con expectativas realistas.

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