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River se derrumba en su templo y Gallardo se llama a silencio antes del Superclásico

River se derrumba en su templo y Gallardo se llama a silencio antes del Superclásico. Foto: LuisMartin River se derrumba en su templo y Gallardo se llama a silencio antes del Superclásico. Foto: LuisMartin
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River volvió a tropezar en el Monumental y lo hizo en el peor momento. Cayó 1-0 ante Gimnasia y Esgrima La Plata, con un gol de Luis Marcelo Torres de penal, y dejó escapar una oportunidad clave de recuperar confianza a días del Superclásico. Miguel Borja tuvo el empate desde los doce pasos sobre el final, pero Nelson Insfrán se lo contuvo y terminó de sellar la noche negra.

El resultado no solo agranda la herida deportiva: también desnuda un clima interno enrarecido. Marcelo Gallardo, que había prometido hablar “más cuando pierde que cuando gana”, decidió esta vez suspender la conferencia de prensa y retirarse sin declaraciones. El silencio, en su caso, suena más fuerte que cualquier análisis.

El “Millonario” atraviesa una tormenta deportiva sin consuelo. Eliminado de la Copa Argentina por Independiente Rivadavia y sin rumbo en el torneo local, acumula su cuarta derrota consecutiva en el Monumental, una racha impensada para un equipo que alguna vez convirtió ese estadio en fortaleza. El desconcierto se trasladó a las tribunas: los hinchas, que durante buena parte del encuentro apuntaron sus cantos contra Boca, terminaron estallando en insultos propios cuando la caída se consumó.

Gallardo ya había dejado entrever su incomodidad semanas atrás, cuando tras la eliminación copera admitió que el año fue “completamente negativo” y que analizaría su futuro al finalizar la temporada. Hoy, esa reflexión parece cada vez más cercana a una despedida.

En la cancha, River luce como su técnico: confundido, agotado, sin respuestas. Se repiten los mismos errores, las mismas desatenciones, los mismos síntomas de un equipo que perdió el hilo y el alma. El penal de Portillo fue apenas la síntesis de un desconcierto general.

El Monumental, que alguna vez fue refugio y motor, explotó en bronca. Borja erró el empate, Insfrán se erigió en héroe visitante y el silencio del Muñeco se convirtió en símbolo del momento: River está solo. Solo en la cancha, solo en su crisis, solo en la antesala del partido más difícil del año.

Ahora, todas las miradas apuntan a lo que viene: el Superclásico en La Bombonera. Allí, River no solo jugará por el orgullo, sino por algo más profundo: la posibilidad de reencontrarse consigo mismo antes de que la temporada termine de hundirlo.

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