En la meseta Baguales, a unos 50 kilómetros de San Carlos de Bariloche, el empresario qatarí Abdulhadi Mana A Sh Al-Hajri, cercano a la familia real de Qatar, concretó la compra de aproximadamente 10.000 hectáreas a través de la firma Baguales Acquisitions S.A., con el objetivo de desarrollar un megaproyecto energético y residencial.
El plan contempla la construcción de tres microcentrales hidroeléctricas —ChiBa I, II y III— sobre el arroyo Baguales, con una capacidad estimada cercana a los 920 kilovatios. Según el proyecto, estas instalaciones están pensadas para abastecer de energía al propio desarrollo inmobiliario.
Las microcentrales cuentan con concesiones de uso de agua por 30 años, otorgadas por el Departamento Provincial de Aguas de Río Negro.
Turismo sustentable
La inversión también incluye una residencia privada de lujo integrada a un exclusivo complejo turístico de montaña, diseñado bajo un concepto de autosuficiencia energética. El emprendimiento se proyecta en una zona de alto valor ambiental, caracterizada por cursos de agua de montaña, biodiversidad sensible y paisajes prácticamente inalterados.
En este contexto, el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, mantuvo el año pasado un encuentro con el embajador de Qatar en Argentina, Battal M. Al-Dosari. Durante la reunión se abordaron temas vinculados a la fruticultura, la ganadería y la agricultura rionegrina, además de explorar oportunidades para fortalecer el intercambio comercial.
Weretilneck destacó la calidad de productos como alfalfa, carnes, peras, manzanas y cerezas, con alto potencial de exportación hacia Qatar, y se avanzó en una agenda de trabajo para posicionar la producción rionegrina en mercados internacionales.
Capitales del Golfo Pérsico
Más allá del monto de la inversión, el proyecto refleja el creciente interés de capitales del Golfo Pérsico en América Latina, particularmente en sectores estratégicos como energía y recursos hídricos. Al mismo tiempo, reabre un debate sensible en la región sobre el equilibrio entre desarrollo económico, soberanía sobre los recursos naturales y participación social.
En ese marco, la Patagonia argentina se consolida como un territorio estratégico para la inversión extranjera, no solo por su potencial energético y turístico, sino también por la proyección de desarrollos de largo plazo vinculados al control de recursos clave.
