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La inteligencia artificial pone en jaque la sustentabilidad de los medios y obliga al periodismo a buscar nuevas respuestas

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El presidente de ADEPA, Martín Etchevers, advirtió que los sistemas de inteligencia artificial utilizan contenidos periodísticos para generar respuestas sin garantizar un reconocimiento económico a los medios que producen esa información. Planteó la necesidad de avanzar en acuerdos y regulaciones, aunque destacó que la tecnología también puede ser una herramienta útil para las redacciones.

La expansión de la inteligencia artificial abrió un nuevo frente de discusión para la industria periodística: cómo proteger el trabajo de los medios y, al mismo tiempo, incorporar una tecnología que ya está transformando las rutinas de las redacciones y la manera en que las audiencias acceden a la información.

El presidente de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), Martín Etchevers, planteó durante la Asamblea General de la entidad que el avance de los grandes sistemas de inteligencia artificial representa un desafío creciente para la sustentabilidad económica de los medios.

El problema, según explicó, no se limita a la incorporación de nuevas herramientas. El punto central está en que los sistemas de IA utilizan grandes cantidades de información producida por medios periodísticos para entrenar sus modelos y elaborar respuestas, mientras que ese proceso no necesariamente se traduce en una compensación para quienes realizaron la investigación, produjeron las noticias y sostuvieron las estructuras necesarias para generarlas.

De las redes sociales a la inteligencia artificial

Etchevers trazó un paralelismo entre la transformación provocada por las redes sociales y la nueva etapa abierta por los motores de inteligencia artificial.

Durante años, las plataformas digitales utilizaron los contenidos producidos por los medios para atraer audiencias y concentrar inversión publicitaria. En ese esquema, los usuarios podían acceder a una noticia a través de una plataforma y luego ser derivados hacia el sitio del medio.

El escenario actual presenta una diferencia sustancial.

Los sistemas de inteligencia artificial pueden responder directamente una consulta del usuario utilizando información obtenida de múltiples fuentes, sin que necesariamente exista una visita posterior al sitio que produjo el contenido.

Etchevers señaló que, de acuerdo con las mediciones que maneja el sector, menos del 1% de las menciones generadas por sistemas de IA terminan convirtiéndose en un clic hacia un medio de comunicación.

El cambio modifica una de las principales formas mediante las cuales los medios obtenían audiencia a partir de las plataformas digitales.

El contenido periodístico como materia prima

La discusión tiene además una dimensión económica.

Los medios necesitan periodistas, fotógrafos, editores, diseñadores, equipos técnicos, infraestructura y recursos para producir información. Detrás de una noticia existe una inversión que incluye desde el trabajo de un cronista en el lugar de los hechos hasta el proceso de edición y distribución.

La IA, en cambio, puede tomar esa información ya producida y utilizarla para construir una respuesta sintética.

Para Etchevers, allí aparece una contradicción que debe ser discutida: las empresas tecnológicas reconocen el valor y la confiabilidad de los medios como fuentes de información, pero el aprovechamiento de esos contenidos no necesariamente genera una retribución equivalente para quienes los producen.

El reclamo de ADEPA forma parte de una discusión que también se desarrolla en otros mercados, donde las organizaciones de medios buscan establecer mecanismos de licencia, acuerdos comerciales y marcos regulatorios para el uso de contenidos periodísticos por parte de los sistemas de IA.

Una herramienta que también puede ayudar a las redacciones

El planteo de ADEPA no apunta a rechazar la inteligencia artificial en las redacciones.

Por el contrario, Etchevers reconoció que las nuevas herramientas pueden facilitar numerosas tareas cotidianas.

La desgrabación de entrevistas, las traducciones, la edición de determinados materiales audiovisuales, la generación de resúmenes y otras tareas operativas pueden realizarse con mayor rapidez mediante herramientas de IA.

Ese uso puede permitir que los periodistas destinen más tiempo a aquellas tareas que requieren criterio profesional, investigación y contacto directo con las fuentes.

El problema aparece cuando la herramienta deja de ser un complemento del trabajo periodístico y comienza a sustituir la tarea que le da origen.

Lo que la IA no puede reemplazar

Para Etchevers, existe una diferencia fundamental entre automatizar una tarea y reemplazar el oficio periodístico.

La inteligencia artificial puede procesar grandes volúmenes de información, encontrar patrones y producir textos en cuestión de segundos. Pero el periodismo profesional requiere además estar en el lugar de los hechos, buscar fuentes, formular preguntas, contrastar versiones, detectar contradicciones y determinar qué información merece ser investigada.

También implica asumir una responsabilidad sobre aquello que se publica.

El presidente de ADEPA sostuvo que una herramienta tecnológica no puede reemplazar la investigación periodística ni la tarea de auditar al poder político y económico.

Ese punto adquiere especial importancia frente a uno de los problemas conocidos de los sistemas de IA: las denominadas “alucinaciones”, es decir, respuestas que presentan como ciertos datos incorrectos, incompletos o directamente inventados.

El riesgo de una nueva forma de desinformación

El debate no pasa solamente por quién cobra por los contenidos.

También está en discusión qué calidad de información reciben los usuarios cuando dejan de acudir directamente a las fuentes originales.

Los sistemas de inteligencia artificial combinan información procedente de múltiples sitios y documentos. Si entre esas fuentes existen contenidos falsos, propaganda, información desactualizada o publicaciones sin rigor, el resultado puede reproducir esos problemas.

Etchevers advirtió que la situación puede ser particularmente delicada porque existe una percepción extendida de que las respuestas generadas por IA son necesariamente neutrales o más confiables.

Sin embargo, la calidad de una respuesta depende en buena medida de las fuentes utilizadas y del modo en que el sistema procesa esa información.

La pérdida de sustentabilidad de los medios, por lo tanto, no sería solamente un problema empresarial: también podría afectar la disponibilidad futura de información profesional, verificada e independiente.

Un problema que alcanza a la democracia

El titular de ADEPA ubicó la discusión en un plano todavía más amplio.

Su argumento es que los medios cumplen una función que excede la producción de contenidos: investigan, controlan a los poderes públicos y privados y permiten que la sociedad acceda a información que muchas veces no sería conocida sin una estructura periodística detrás.

Si ese modelo pierde capacidad económica para sostenerse, también se reduce la posibilidad de mantener equipos dedicados a investigaciones de largo plazo.

En ese sentido, Etchevers advirtió que el deterioro del periodismo profesional puede terminar teniendo consecuencias sobre el funcionamiento democrático.

La preocupación adquiere una dimensión internacional debido al creciente poder de las grandes compañías tecnológicas y su influencia sobre la circulación de información.

El desafío de negociar con las grandes plataformas

Otro de los puntos planteados por ADEPA está relacionado con la capacidad de negociación de los medios argentinos y latinoamericanos frente a las grandes compañías tecnológicas.

Etchevers cuestionó que los acuerdos alcanzados en algunos mercados desarrollados no siempre tengan un correlato equivalente en América Latina.

La entidad reclama que los mecanismos de compensación contemplen la diversidad del sistema periodístico y no se concentren exclusivamente en los grandes medios internacionales.

El argumento es especialmente relevante para los medios locales y regionales: una compañía tecnológica puede acceder a información nacional o internacional, pero un medio de una ciudad o provincia es el que realiza la cobertura cotidiana de aquello que ocurre en su propia comunidad.

Australia y los litigios internacionales

La búsqueda de mecanismos legales no es exclusivamente argentina.

Uno de los antecedentes mencionados por Etchevers es Australia, país que avanzó en mecanismos destinados a establecer reglas de negociación entre plataformas digitales y empresas periodísticas.

También existen litigios de gran impacto internacional, entre ellos el iniciado por The New York Times contra OpenAI, que puso en el centro de la discusión el uso de contenidos periodísticos para el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

En paralelo, organizaciones de medios buscan desarrollar sistemas capaces de medir qué cantidad de contenidos periodísticos son rastreados y utilizados por los motores de IA.

ADEPA se incorporó en ese sentido a SPUR, una coalición internacional orientada a estudiar y medir el uso de contenidos periodísticos por parte de estas tecnologías.

El futuro del periodismo será tecnológico, pero no solamente tecnológico

La discusión planteada por Etchevers no supone elegir entre periodismo tradicional e inteligencia artificial.

El desafío es construir un modelo en el que la tecnología pueda mejorar los procesos de producción sin destruir las condiciones económicas que permiten producir información profesional.

La IA ya forma parte de las redacciones y continuará avanzando. La discusión pasa ahora por establecer qué contenidos puede utilizar, bajo qué condiciones, cómo se reconoce la propiedad intelectual y de qué manera los medios pueden seguir financiando el trabajo periodístico.

Para los medios, el escenario obliga a pensar nuevas formas de distribución, relación con las audiencias y generación de ingresos.

Para los periodistas, implica incorporar nuevas herramientas sin abandonar las capacidades que definen al oficio: investigar, verificar, contextualizar, interpretar y salir a buscar la información.

La disputa que comienza a tomar forma no es solamente por el futuro de una industria. Es también por quién produce la información, quién se beneficia de ella y qué condiciones serán necesarias para que, en una sociedad cada vez más atravesada por respuestas automatizadas, siga existiendo un periodismo capaz de investigar y controlar al poder.

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