Titulares

Opinión de Walter Di Giuseppe

«Y el equipo? Pareciera tan distante todo, al mejor estilo de un film de ciencia ficción, que debo recordar día a día un principio doctrinario que sigue vigente para no olvidar cual es la verdad. 

Sin embargo, me dejo llevar por la frescura de los nuevos vientos, porque aquí nada es disfrutable desde la brisa, como si a mi edad la esperanza volviera a ser un motor y no una guía. Es uno de los momentos donde debería llenar un vaso y prender un cigarrillo, pero vuelven viejas sensaciones y no viejos vicios.

Cuantas cosas dichas al viento soñando que algún día, como un Pessoa, alguien las descubra. Caigo al llano y descubro, ya sin sorpresa, que debo empezar a escribir nuevamente. Me había aburrido de mí mismo y de tener que soportar la indiferencia a un criterio continuo, exaltado si en la desazón, subjetivo sin dudarlo pero en definitiva siempre mío y consecuente sobre lo que pareciera ser imposible para quien se pretende dirigente.

Claro que soñar es poner objetivos de tamaña grandeza que sin importar resultados implican elevarnos de cualquier lugar donde el tiempo nos haya colocado. Si, tiempo y no destino. Nacemos en un mundo imperfecto con un perfecto equilibro natural. La imperfección solo es nuestra. 

Entonces meto todo en una bolsa, extiendo e introduzco la mano en ella. Primero a sacudir bien, para no engañarme, y como en la infancia y la sortija, solo sacar una determinación a la vez.

Proverbios, refranes, y consejos, explotan en mi mente. Qué quisiera tener hoy? Sabiduría? Y si, sería interesante antes de que se me termine de caer el pelo; o sin ser lo mío, antes que ya no tenga fuerzas para peinar canas. Y entonces… para qué? Claro. Si no lo digo, me voy a dormir siendo uno de esos detestables de siempre. Los egoístas. Que luego derivan en envidiosos y seguramente en resentidos. Alguno sabrá entender o por lo menos escuchar. Es que hace ya un tiempo que seguimos de la mano de algún colifa.

Divertido? Puf! Como no serlo, si tienen un don. Y también muchos obsecuentes que se los atribuyen hasta el  hartazgo, diría más, hasta que se lo terminan creyendo. Como si hubieran nacido para ello. Es que no tenemos suerte! Escuché siempre por ahí. Como esas verdades de perogrullo que solo sirven para aliviar la culpa de una irresponsabilidad segura.Es que no aprendemos! Y ahí si comparto. Pero le agrego que a ninguno le interesa enseñar.

Justamente si aprendemos, nos educamos, entendemos y dilucidamos sabremos discernir si esta colifa o no. Pero si seguimos con los refranes y es verdad que el hábito no hace al monje, ni todo lo que brilla es oro; la verdad que me quedo con el perro del General que se llamaba León.  

Todo es parte de un certero círculo vicioso donde vemos al pseudo conductor que no muestra el equipo hasta no llegar y ahí radica el primer engaño.

Acá ya no creo en el colifa sino en un embustero. Un irresponsable al cual no le cabía el sayo pero que con la mejor cara de piedra, de la mayoría de los conductores, asumen responsabilidades que ni están preparados para ejercer; pero que, y ahora si somos nosotros los irresponsables, no exigimos ver ese equipo, ya que con absoluta certeza sabemos, uno solo no puede conducir, siendo imprescindibles los segundos y es nuestro deber conocerlos antes de elegir al primero, ya que sino, quizás, y solo quizás nunca tengamos la suerte de elegir liebre cuando era gato, o mejor dicho elegir Presidente cuando era colifa».

Walter Di Giuseppe Abogado – Fundador de Identidad Quilmeña.

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