La actriz cuestionó la referencia del Presidente a “la locura de los pañuelitos verdes” como una de las causas de la baja natalidad y advirtió sobre el impacto de los discursos que colocan a las mujeres en un rol exclusivamente reproductivo.
La actriz Carla Peterson cuestionó las declaraciones del presidente Javier Milei sobre la caída de la natalidad en la Argentina y calificó como una forma de violencia cualquier discurso que reduzca el rol de las mujeres a la reproducción.
La artista se refirió al tema durante una entrevista en la que también abordó la problemática de los femicidios y los discursos de odio, en el marco de su participación en una producción audiovisual vinculada con el caso de Ricardo Barreda.
El cruce surgió a partir de una reciente afirmación de Milei, quien había relacionado la disminución de los nacimientos con la legalización del aborto y cuestionado al movimiento feminista al hablar de “la locura de los pañuelitos verdes”.
Peterson respondió con una crítica directa al planteo presidencial.
“Si vas a tratar a las mujeres como repositoras de las personas, es violencia. No es así”, sostuvo la actriz. Y agregó que puede comprender que existan distintas posiciones sobre determinados temas, pero consideró que la forma de plantearlos también tiene consecuencias.
“Hablar de las mujeres como repositoras es violencia”
La actriz puso el foco en la manera en que se construyen determinados discursos sobre las mujeres.
Su cuestionamiento no se limitó a la discusión sobre el aborto o las políticas de natalidad, sino que apuntó al lugar que ocupa la mujer dentro de determinadas concepciones sociales.
“Puedo entender posturas de un montón de cuestiones, pero no es así”, señaló Peterson al referirse a las palabras del Presidente.
Para la actriz, presentar la maternidad como una obligación o interpretar la disminución de la natalidad exclusivamente desde la decisión de las mujeres implica desconocer otros factores sociales, económicos y culturales que intervienen en la decisión de tener hijos.
El planteo se inscribe en una discusión mucho más amplia que atraviesa a distintos países: el descenso de los nacimientos, el envejecimiento de la población y las dificultades que enfrentan las nuevas generaciones para formar una familia.
El debate sobre la caída de la natalidad
La Argentina atraviesa desde hace varios años una fuerte reducción de los nacimientos.
El fenómeno comenzó antes de la llegada de Milei al Gobierno y responde a múltiples factores, entre ellos cambios culturales, postergación de la maternidad y paternidad, condiciones económicas, acceso a métodos anticonceptivos y modificaciones en las expectativas de las nuevas generaciones.
El descenso de la fecundidad también se observa en otros países de América Latina y en distintas sociedades desarrolladas, por lo que el fenómeno no puede atribuirse exclusivamente a una sola política pública o a un único acontecimiento.
En ese contexto, las declaraciones presidenciales abrieron una discusión política sobre cuáles son las causas de la caída de la natalidad y qué medidas podría adoptar el Estado para revertirla.
Para el Gobierno, el fenómeno tiene consecuencias económicas y sociales de largo plazo debido al envejecimiento de la población y a la reducción futura de la cantidad de personas en edad de trabajar.
Desde otras perspectivas, en cambio, se plantea que una eventual política de incentivo a la natalidad debería concentrarse en mejorar las condiciones materiales para quienes desean tener hijos y no en responsabilizar a las mujeres por la disminución de los nacimientos.
Peterson también habló de femicidios
La intervención de Peterson se produjo además mientras hablaba de una producción relacionada con uno de los casos de violencia de género más conocidos de la Argentina.
La actriz forma parte del elenco de una serie biográfica vinculada con la historia de Ricardo Barreda, el odontólogo condenado por asesinar a su esposa, sus dos hijas y su suegra en 1992.
En ese contexto, Peterson puso el foco en la persistencia de los femicidios y en la necesidad de observar cómo determinados discursos sociales pueden contribuir a naturalizar situaciones de violencia.
“Si desde arriba baja la violencia en cataratas cuando no te gusta algo”, sostuvo al referirse al efecto que pueden tener los discursos provenientes de sectores con posiciones de poder.
La actriz remarcó además la importancia de prestar atención a la manera en que se comunican las cuestiones relacionadas con género y violencia.
La preocupación por los discursos de odio
Peterson también planteó que la sociedad debe mantener una mirada crítica frente a los llamados discursos de odio.
En ese sentido, sostuvo que no alcanza con considerar que un problema quedó resuelto simplemente porque se aprobaron determinadas leyes o se instalaron determinadas discusiones públicas.
“Hay casos como este —refiriéndose al femicidio— que ocurren todos los días”, señaló.
La actriz consideró que también existe una diferencia en la forma en que distintos sectores de la sociedad abordan estas problemáticas: mientras algunos espacios comenzaron a desarrollar mayor conciencia y responsabilidad, en otros todavía existen discursos que encuentran aceptación.
La discusión adquiere particular relevancia en un escenario de fuerte polarización política, donde las declaraciones de dirigentes y figuras públicas suelen generar respuestas inmediatas en redes sociales.
Una discusión que volvió a instalarse
Las declaraciones de Milei y la respuesta de Peterson volvieron a colocar en el centro de la escena dos debates diferentes pero relacionados: por un lado, la preocupación por la caída de la natalidad y, por otro, la discusión sobre los derechos de las mujeres y el impacto de los discursos políticos.
El Presidente viene señalando la baja de los nacimientos como uno de los problemas estructurales que deberá enfrentar la Argentina durante las próximas décadas. Su diagnóstico incluye críticas al movimiento feminista y a la legislación sobre interrupción voluntaria del embarazo.
Peterson, en cambio, puso el énfasis en la autonomía de las mujeres y en la necesidad de evitar que el debate demográfico termine transformándose en una discusión sobre el valor de las mujeres según su capacidad o decisión de tener hijos.
El intercambio, aunque surgido en el ámbito del espectáculo, vuelve a mostrar cómo las cuestiones vinculadas con la natalidad, el aborto, el feminismo y la violencia de género continúan ocupando un lugar central en la discusión pública argentina.
Y también expone una diferencia de fondo: mientras el Gobierno analiza la caída de los nacimientos como un problema demográfico y económico, quienes cuestionan ese enfoque advierten que cualquier política destinada a aumentar la natalidad debería partir de una premisa diferente: crear condiciones para que quienes quieran tener hijos puedan hacerlo, sin convertir la maternidad en una obligación ni responsabilizar a las mujeres por una transformación demográfica que tiene múltiples causas.
