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Más de 30.000 empresas dejaron de operar en Argentina desde la llegada de Milei

Más de 30.000 empresas dejaron de operar en Argentina desde la llegada de Milei Más de 30.000 empresas dejaron de operar en Argentina desde la llegada de Milei
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Un informe de Fundar contabilizó 30.633 unidades productivas menos desde el inicio del Gobierno de Javier Milei. La caída equivale a unas 33 empresas por día y se concentró especialmente en comercio, transporte, actividades inmobiliarias e industria. Mientras tanto, crecieron algunos sectores vinculados con servicios, hidrocarburos y minería.

La cantidad de empresas que operan en la Argentina se redujo en más de 30.000 desde el comienzo del Gobierno de Javier Milei, de acuerdo con un análisis elaborado a partir de datos oficiales y difundido por Fundar.

El relevamiento contabilizó 30.633 unidades productivas menos desde la asunción del actual Gobierno, una caída equivalente a alrededor del 6% del universo de empresas registrado. El ritmo promedio representa aproximadamente 33 empresas menos por día.

El dato no implica que todas esas compañías hayan atravesado un proceso formal de quiebra. La medición registra la reducción de unidades productivas activas y permite observar la evolución del entramado empresarial durante los primeros años del actual programa económico.

La contracción se concentró especialmente en actividades vinculadas con el mercado interno, entre ellas el comercio, el transporte, las actividades inmobiliarias y distintas ramas de la industria.

El comercio, entre los sectores más afectados

Uno de los principales impactos se observa en las actividades comerciales, que dependen en buena medida del nivel de consumo interno.

La combinación de una fuerte contracción inicial de la actividad, caída del poder adquisitivo y cambios en los precios relativos generó dificultades para numerosos establecimientos, especialmente aquellos con menor capacidad financiera para atravesar períodos prolongados de ventas débiles.

El escenario también se vio condicionado por la modificación de la política comercial y la mayor apertura a productos importados, que incrementó la competencia para determinados fabricantes y comerciantes locales.

La industria manufacturera es uno de los sectores donde esa transformación resulta más visible. Un relevamiento reciente señaló que desde la asunción de Milei se perdieron alrededor de 87.000 empleos formales industriales y cerraron más de 4.000 empresas dentro del sector.

Una caída que también alcanza al transporte y al sector inmobiliario

La reducción del número de empresas no se limita a las fábricas.

Según el análisis de Fundar, el transporte y las actividades inmobiliarias también aparecen entre los sectores que registraron una contracción importante de unidades productivas.

En el caso del transporte, el deterioro de la actividad económica y la menor demanda impactaron sobre empresas vinculadas con el movimiento de pasajeros y mercancías.

En el sector inmobiliario, en tanto, la evolución estuvo atravesada por el nivel de actividad de la construcción, el crédito y el mercado de compraventa y alquileres.

La caída de empresas constituye así un indicador diferente al de producción o empleo: permite observar cuántas unidades económicas permanecen activas y cuáles son las actividades que están ganando o perdiendo presencia dentro de la estructura productiva.

No todos los sectores retrocedieron

El informe también muestra que el proceso no fue homogéneo.

Mientras una parte importante del entramado empresarial se redujo, algunas actividades incorporaron nuevas unidades productivas. Entre ellas aparecen los servicios personales y administrativos, los hidrocarburos y la minería.

El crecimiento de estos sectores, sin embargo, no alcanzó para compensar la pérdida registrada en el conjunto de la economía.

Ese movimiento coincide con uno de los objetivos centrales del programa económico de Milei: impulsar una transformación de la estructura productiva argentina hacia actividades consideradas competitivas internacionalmente, especialmente energía, minería y agroindustria.

El Gobierno sostiene que el cambio de modelo permitirá atraer inversiones, incrementar las exportaciones y generar una economía más orientada hacia los mercados externos.

La industria enfrenta un cambio de modelo

La situación industrial es uno de los principales puntos de discusión.

La apertura comercial impulsada por el Gobierno eliminó o redujo distintas restricciones a las importaciones, con el argumento de favorecer la competencia, reducir precios y permitir que consumidores y empresas accedan a productos e insumos a valores internacionales.

Para una parte del empresariado industrial, el proceso generó una presión difícil de absorber, especialmente en sectores con costos internos elevados.

Un informe publicado esta semana señaló que la industria argentina trabaja con alrededor del 40% de su maquinaria parada y que la producción manufacturera cayó 5% en julio respecto de junio, en lo que representó su mayor retroceso mensual desde la pandemia.

La apertura también aparece como uno de los factores que explican la pérdida de empresas manufactureras.

El caso de la fábrica de neumáticos Fate, que dejó de operar después de 86 años de actividad, se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de las dificultades que atraviesan determinadas ramas industriales frente al nuevo escenario competitivo.

La otra cara: inflación más baja y mayor apertura

Los datos sobre empresas cerradas conviven con indicadores que el Gobierno presenta como avances de su programa económico.

La inflación, por ejemplo, registró en agosto una variación mensual del 1,7%, el nivel más bajo en 14 meses, mientras la inflación interanual se ubicó en torno al 33,5%.

La administración Milei sostiene que la reducción de la inflación y el ordenamiento de las cuentas públicas son condiciones necesarias para que la economía pueda recuperar un crecimiento sostenible.

El Gobierno también defiende la apertura comercial como una herramienta para mejorar la productividad y obligar a las empresas argentinas a competir con estándares internacionales.

Desde esa perspectiva, la desaparición de empresas menos competitivas puede ser interpretada como parte de un proceso de reconversión económica.

Los críticos del modelo, en cambio, advierten que la velocidad del ajuste y la falta de recuperación suficiente del mercado interno pueden provocar una pérdida de capacidad productiva difícil de revertir.

El problema del empleo

La pérdida de unidades productivas tiene además una consecuencia directa sobre el mercado laboral.

Cuando una empresa deja de operar, el impacto no se limita a sus propietarios: también afecta a trabajadores, proveedores, transportistas, comercios vinculados y otros actores que forman parte de la cadena de actividad.

En el sector industrial, por ejemplo, la pérdida de empresas estuvo acompañada por decenas de miles de empleos formales menos desde diciembre de 2023.

Al mismo tiempo, el Gobierno apuesta a que el crecimiento de sectores como energía y minería genere nuevas oportunidades laborales y compense progresivamente la contracción de actividades tradicionales.

La cuestión central es si esa sustitución puede producirse con suficiente velocidad y volumen.

Una transformación todavía en disputa

El dato de las 30.633 empresas menos agrega una nueva dimensión al debate sobre el modelo económico.

La administración Milei logró reducir drásticamente la inflación y sostiene que el país se encuentra atravesando una transformación destinada a modificar una estructura económica que durante décadas dependió del mercado interno, el gasto público y distintos mecanismos de protección.

Pero esa transformación también tiene costos concretos.

Comercio, industria, transporte y actividades inmobiliarias registran una reducción importante de unidades productivas, mientras sectores como minería, hidrocarburos y determinados servicios comienzan a ganar participación.

El desafío para el Gobierno será demostrar que esa reconversión puede traducirse en más inversión, empleo formal y crecimiento sostenido, y que la desaparición de empresas vinculadas con actividades tradicionales no termina generando una economía con mayor concentración y menor capacidad para absorber trabajadores.

Por ahora, los datos muestran un cambio profundo en la composición del entramado empresarial argentino: más de 30.000 unidades productivas dejaron de estar activas desde el inicio de la gestión Milei, mientras el mapa de actividades que sobreviven, crecen o desaparecen empieza a reflejar con mayor claridad el nuevo rumbo económico.

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