En medio de la creciente preocupación por los despidos masivos de empleados públicos, el Gobierno argentino ha desplegado efectivos de la Policía Federal, Prefectura y la Gendarmería para reforzar los controles en el ingreso a los ministerios y otros edificios públicos.
Esta medida, que se presenta como una supuesta medida de seguridad, ha sido recibida con críticas por parte de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), que denuncia más de 11,000 despidos y ha definido nuevas medidas de fuerza en protesta por la situación.
El presidente Javier Milei ha reaparecido en escena para alertar que «no va a dejar pasar» la ocupación de edificios, lo que ha generado un clima de tensión y preocupación entre los trabajadores afectados.
Rodolfo Aguiar, titular de ATE, ha responsabilizado al gobierno por las posibles consecuencias de la represión, destacando la falta de diálogo y la imposición de medidas represivas en lugar de buscar soluciones efectivas a la crisis laboral que atraviesa el país.
Esta intensificación de los controles en los ministerios no solo plantea interrogantes sobre la verdadera intención del gobierno, sino que también refleja una preocupante tendencia hacia la represión y la falta de respeto por los derechos laborales de los trabajadores del Estado.
