La meningitis es la inflamación de las meninges, las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal, fundamentales para la protección del sistema nervioso central, la misma puede ser causada por distintos agentes, como virus, bacterias, hongos o parásitos, aunque las formas bacterianas son las más severas y las que generan mayor preocupación desde el punto de vista sanitario.
Estas infecciones pueden progresar rápidamente y provocar complicaciones graves, incluyendo daño neurológico permanente y hasta la muerte, especialmente en los grupos más vulnerables.
Los síntomas suelen aparecer de forma repentina e incluyen fiebre alta, dolor de cabeza intenso, rigidez en el cuello, sensibilidad a la luz, náuseas, vómitos y alteraciones del estado mental.
En este contexto, la vacunación se posiciona como la herramienta más eficaz para prevenir las formas más graves de meningitis.
El Calendario Nacional de Vacunación incluye varias vacunas para la prevención de las causas más frecuentes de meningitis bacteriana, como el: Meningococo (Neisseria Meningitidis), el Neumococo (Streptococo pneumoniae) y la Haemophilous Influenzae tipo b.
En cuanto al Meningococo, la vacuna meningocócica conjugada tetravalente es la que brinda protección frente a varios serogrupos, como A, C, Y y W.
Esta vacuna se aplica desde edades tempranas, con el objetivo de proteger a los grupos de mayor riesgo y reducir la circulación de la bacteria en la comunidad.
Sin embargo, la cobertura de vacunación, aunque alta en los primeros meses de vida, tiende a disminuir con el tiempo, generando brechas de protección en etapas clave.
En Argentina, la vacuna contra el meningococo alcanza una cobertura del 83,5% en la primera dosis a los 3 meses, pero desciende al 72,9% en el refuerzo de los 15 meses y cae significativamente al 51,9% en la dosis única de los 11 años.
